La descolonización de los territorios coloniales europeos.
Hace algunas días nos deteníamos en La expansión de los imperios europeos y las independencias de América, y hoy lo haremos para repasar un poco La descolonización de los territorios coloniales europeos.
La herencia del colonialismo decimonónico.
A diferencia de las expansiones antecedentes, el proceso colonial decimonónico tiene como características o factores impulsores la superpoblación en Europa, el desarrollo industrial y la necesidad de contar con fuentes de materias primas, así como mercados en los que dar salida a los productos manufacturados, el impulso de las comunicaciones con el desarrollo de nuevos medios de transporte más rápidos gracias a la invención de la máquina de vapor, o, del mismo modo, la necesidad de dar salida a las ansias expansionistas de las potencias militares europeas y, seguramente, un anhelo de ‘prestigio nacional’ en el concierto de las naciones.
Todo ello tiene como consecuencia una nueva ola de colonización –en muchas ocasiones acompañada de emigraciones masivas a las colonias- que propician una nueva época de dominación de las áreas colonizadas. Además de realizarse, ahora si, las conquistas en profundidad (gracias a los medios materiales y técnicos disponibles, lo que hasta el momento –excepción hecha de América- había sido más bien un posicionamiento de las metrópolis en lugares estratégicos, fundamentalmente, en las costas y grandes cauces fluviales de África y Asia, se convierte en verdadera dominación territorial y determinación de fronteras políticas ajenas a cualquier otro fundamento que el mero reparto de los territorios entre las potencias colonizadoras), del mismo modo se establecen administraciones coloniales, se dictan leyes para estos nuevos dominios, se intenta europeizar a la población y se le da una nueva lengua en la que desenvolverse con la nueva sociedad dirigente (se produce una superposición de la sociedad inmigrante colonial en relación a la aborigen preexistente, generándose también fenómenos de aculturación de cuya base, en un intento de recuperación de las esencias culturales y/o sociales originarias, surgirán los que serán líderes de la descolonización mediando el S. XX: Gandhi y Neru en la India, Senghor en el Senegal, Jinnah en la India de religión musulmana, Sukarno en Indonesia, Burguiba en Túnez, Ben Bella en Argelia, ...).
Así pues, a lo largo del S. XIX, las potencias coloniales europeas (Gran Bretaña, Francia, Alemania, Portugal, Rusia, ...) dirigen sus miradas hacia África y Asia.
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De forma esquematizada, se puede señalar que el Reino Unido se anticipa a las restantes potencias imperiales, pues ya en el primer cuarto del S. XIX ostenta bases que sustentan todas sus rutas comerciales de navegación a lo largo y ancho del mundo Gibraltar, Malta, Chipre, Adén, Accra, El Cabo, Maldivas, Calcuta, Singapur, Hong Kong, Jamaica, Bahamas, la Guayana británica, ...). Asimismo, va consolidando su presencia en las que pasarán a ser sus dominios, colonias de población mayoritariamente inmigrante blanca (Canadá, Australia, N. Zelanda) o con una minoría blanca dominante de relevancia numérica (África del Sur). En lo que a su presencia territorial en África se refiere, la idea imperial británica prevé la consolidación de un eje bajo su control que abarque todos los territorios existentes entre Ciudad de El Cabo, en el África meridional, y El Cairo, al Norte. Egipto, Sudán, Uganda, Kenia, Rodesia, Botswana y Sudáfrica pasan, bien como dominios –con instituciones similares a las de las islas y un gran nivel de autonomía política en el plano interno-, bien como colonias de explotación, a estar en la órbita británica, frustrándose ese deseo de consolidación de un único espacio territorial Norte / Sur por el establecimiento de los alemanes en Tanganica, el África Oriental alemana. Mención aparte merece la India, explotada por la Compañía de las Indias Orientales, una colonia de explotación típica que se constituye en el eje del Imperio y abastece a este de todas las materias primas imaginables (algodón para la pujante industria textil metropolitana, ...). En resumen, puede señalarse que la presencia inglesa en sus colonias de todo el mundo responde fundamentalmente a su necesidad de asegurar sus redes comerciales y de abastecimiento de materias primas.
A diferencia del caso anterior, el imperialismo colonial francés viene caracterizado por otros elementos impulsores diferentes. En esta ocasión, los motores son tanto el intento de hacer de Francia nuevamente un gran imperio con el que recuperar el prestigio internacional (expandiendo por el mundo su lengua y su cultura) como el desarrollo del capitalismo en la metrópoli, lo que le concede una gran capacidad financiera. En África, la ocupación en 1830 de Argelia y la penetración por todo el África noroccidental marcan la expansión francesa en el continente mediante la ocupación efectiva de los territorios, que se consideran franceses, o la constitución de protectorados en Túnez, Marruecos y, transitoriamente, tras la construcción del Canal de Suez, Egipto. De la misma forma, se obtiene Madagascar. Por su parte, en el Extremo Oriente se ocupa un extenso área de influencia china mediante la consolidación de protectorados en la península de Indochina a lo largo de la segunda mitad del S. XIX. Al margen, conserva algunas posesiones isleñas en Oceanía, el Índico, el Atlántico y el Pacífico. Podría entenderse el colonialismo francés como una tarea de consecución y aseguramiento de materias primas, al tiempo que ‘civilizatoria’.
El caso de Alemania es peculiar, porque la política interna de consolidación del nuevo Estado-Nación alemán desarrollada por el Canciller von Bismarck aplazó la idea colonizadora, que en un primer momento se inicia de mano del capital privado. Es a finales de siglo cuando establece sus protectorados en África Oriental y África Sudoccidental, Togo, Camerún, o compra algunas islas del Pacífico (Marianas y Carolinas, Samoa, Archipiélago de Bismarck, ...). Sus pretensiones en otros lugares, como Marruecos, chocan con las potencias ya establecidas.
Rusia, por su parte y dados sus lazos etno-culturales, muestra interés por la zona de los Balcanes, mayoritariamente sometida al Imperio Otomano. Sin embargo, su expansión se realiza hacia el este, por zonas vírgenes como Siberia.
Al igual que en el caso anterior, la expansión de los Estados Unidos se producen gran medida por tierras sin conquistar hacia el Oeste. Pero esta política de expansión se simultanea con la adquisición mediante compra de vastos territorios (la Florida, la Luisiana o Alaska, este último precisamente a Rusia), la constitución de protectorados (Hawaii), la creación de fuertes tutelas por razones económicas y estratégicas (Panamá) o la cesión de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas por parte de España tras la Guerra Hispano-Americana.
Portugal conserva de su viejo imperio colonial, además de Guinea y las islas ecuatoriales de Sao Tomé y Príncipe, las costas de Angola y Mozambique y, a partir de las mismas, profundiza en el interior del continente hasta chocar con intereses británicos, alemanes o franco-belgas (los Congos). En Asia conserva parte de Indonesia (Timor) y Macao, en China.
Holanda, tras perder colonias de la importancia de El Cabo o Ceilán a favor de los británicos, conserva la Guyana, y algunas de las pequeñas Antillas, quedando su mayor posesión en Asia (Indonesia).
Otros países, como España (Río de Oro, Sidi Ifni, Río Muni, islas de Fernando Poo y Annobón, y un pequeño protectorado el norte de Marruecos), Bélgica (el Congo) o Italia (Eritrea, parte de Somalia y Libia) apenas si han de conformarse con los restos de una rapiña de ambos continentes.
Finalmente, Japón dirige todos sus esfuerzos de expansión hacia el continente asiático, lo que le genera repetidos conflictos con, sobre todo, rusos y chinos. Estos intentos volverán a producirse en ambas Guerras Mundiales.
Comienza la descolonización. Oriente Próximo y Asia.
La forma en que las colonias acceden a si independencia tendrá mucho que ver con la forma en que fueron sometidas al imperio colonizador. Así, las británicas, en la mayor parte de los casos, accederán a su autonomía e independencia de forma gradual y no traumática, sin confrontación bélica. Holanda se resignará a la pérdida de sus escasos reductos coloniales. Sin embargo, otros países, como Francia, se resistirán a la emancipación de sus colonias durante largo tiempo, sosteniendo cruentas guerras, cuales son los casos de Vietnam o Argelia (terrorismo practicado por las OAS y momentos de guerra abierta) hasta que Gaston Deferre y, sobre todo, De Gaulle sustituyen la tradicional posición de política exterior francesa hacia sus colonias por la defensa de su libertad de elección.
Pero, para mejor entender la descolonización, resulta interesante mencionar someramente los factores que contribuyen al fortalecimiento de este fenómeno. En primer lugar, cabe señalar un fenomenal crecimiento demográfico, lo que genera grandes corrientes migratorias hacia las urbes y de estas hacia la metrópoli, con lo que se genera un enorme acercamiento a los problemas de unas y otra y un intercambio creciente de críticas y hostilidades, lo que coincide con la difusión de las ideologías revolucionarias y emancipadoras. Asimismo, se producen intercambios culturales e ideológicos, muchas veces propiciadores de fases de aculturación y, como respuesta, de resurgimiento de recuperación de las propias esencias. Por otra parte, la conciencia de que las transformaciones económicas y sociales se producen en un marco de intercambio desigual en perjuicio de las colonias, agudiza la desafección hacia la metrópoli. Todo ello confluyó en la generación de líderes nacionalistas y, en ocasiones, revolucionarios. No hay que desdeñar tampoco la crítica anticolonial que se produce también en el seno de las metrópolis, bien de carácter popular (Semana Trágica de Barcelona de 1909, donde confluyen la lucha anarquista y las protestas por la leva para la Guerra de África), bien de carácter ideológico (el socialismo se opone al sometimiento de unos pueblos por otros).
Si nos centramos en el inicio del proceso descolonizador, éste coincide con la I Guerra Mundial y el período de entreguerras y afecta, sobre todo, a Oriente Próximo y Asia. Y es en este contexto de guerra entre las propias potencias coloniales en el que se desenvuelve también el devenir de las colonias, no en vano a la ya antigua rivalidad franco-británica por el control de extensas zonas (sobre todo el Oriente Próximo y Medio) se añade la intervención de los alemanes alentando y apoyando la sublevación de las élites locales. No obstante lo anterior, al perder Alemania la guerra, su influencia queda relegada. Sin embargo, parte de los países del norte árabe de África (Marruecos, Túnez, Egipto) y del Oriente (Siria, Palestina, Irak, ...) se constituyen en países libres bajo protectorados constituidos por la Sociedad de Naciones a favor de, sobre todo, Francia y Gran Bretaña.
Tal es la influencia de la I Guerra Mundial en esta fase que, de forma resumida, se puede decir que los intereses de Alemania y el ámbito germánico de influencia en Europa Oriental confluyen con los del Imperio Otomano, pues ambos tienen como enemigos comunes a Francia y Gran Bretaña, no en vano las ansias expansionistas de ambos se ven coartadas por estos últimos. Esto hace también que, con la derrota, sobre todo en lo que respecta al Imperio Otomano, sus posesiones se vean sometidas a protectorados franceses o británicos (en Palestina el conflicto continúa irresuelto).
También en Asia es en este momento cuando nacen las ideas de emancipación y se inician movimientos nacionalistas. Coinciden en el tiempo, con una nueva fase de desarrollo de las ansias expansionistas continentales y oceánicas de Japón –que en 1905 vence a Rusia en una guerra colonial y, ya en la II Guerra Mundial, se alía con los fascismos europeos beligerantes e intenta ocupar territorios en Manchuria, Corea, el Pacífico, ...-, y la resistencia igualmente de China a ser, casi en su integridad, ajena al sometimiento colonial de las potencias europeas, que sólo guardan, en este país, pequeños enclaves como Hong Kong o Macao.
Esto genera una corriente de simpatía que, potenciada por otros factores (la Gran Guerra Europea), la crisis económica de los últimos 20 (Viernes Negro en la Bolsa de Wall Street de Octubre de 1929), ... propicia y alienta el surgimiento de movimientos nacionalistas en todo Asia (Partido del Congreso, de Nehru y Gandhi, en India; Liga Musulmana, de Mohammed Alí Jinnah, para el futuro Pakistán; la Indonesia de Sukarno; ...).
Se puede decir, en definitiva, que este comienzo de la descolonización viene caracterizado por una recuperación de los valores tradicionales (en ocasiones bien coordinados con las estructuras y estrategias políticas modernas, como es el caso de la India), el surgimiento de movimientos nacionalistas mas o menos beligerantes sobre la base de las élites dirigentes locales, que se han educado en las metrópolis y según sus valores, y una época de grandes confrontaciones armadas y revueltas y agitaciones en las colonias que se producen en el período en que el continente europeo pasa de una guerra (1914-1919) a otra (1939-1945). Surge en 1932 el Reino de Arabia Saudita, y en unos años, Gran Bretaña instituye monarquías constitucionales en Egipto, Afganistán e Irak, viendo, al tiempo, cómo surgen en algunas posesiones del África negra intentos pacíficos y amistosos de iniciar un camino hacia el autogobierno (Ghana, Nigeria y Kenia). Francia, por su parte, vive agitaciones intensas en Argelia (Burguiba), Marruecos, Túnez e Indochina. Italia, a su vez, se ve incapaz de controlar totalmente Libia hasta pasados 20 años de su ocupación, en 1932.
El fin de los imperios en Asia y África.
El fin de los imperios de Asia y África se precipitó rápidamente tras la II Guerra Mundial. Durante la misma, Japón, clara potencia militar del Extremo Oriente, se alía con las potencias del Eje Berlín-Roma en un intento conjunto de sustituir la influencia de las otras potencias europeas presentes en África y Asia. En un claro intento de debilitar las retaguardias de sus enemigos, procurando al tiempo hacerse con un nuevo imperio colonial, estos tres países alientan las rebeliones en los países árabes y asiáticos, que reaccionan de formas diversas.
Así por ejemplo, la India, que ya disponía de un estatuto de autonomía de carácter confederal frente a Gran Bretaña, reclama por boca de Nehru la independencia en plena guerra, aún cuando se posiciona en contra de las potencias del Eje y apoya a los aliados en su lucha. Esto, junto con el hecho de que es Clement Atlee (laborista proclive a la independencia de esta colonia) quien ostenta el cargo de Primer Ministro tras la guerra, hacen que la independencia sea un hecho en 1947 (Lord Mountbatten se hace cargo de la transición), aunque conllevará la partición del subcontinente indio en tres porciones: India, que se constituye en Estado laico, y los territorios que, al oeste –como el Punjab- o al este de la península india –como Bengala- pasarán a ser el Pakistán Occidental y Oriental (que luego se secesiona y pasa a ser Bangladesh. Entre estos dos países permanecen en la actualidad graves tensiones que se convierten en hostilidades en ocasiones, preferentemente en relación a la región de Cachemira.
En otros lugares del Lejano Oriente, como Indonesia, Corea o Vietnam, el proceso sigue un período de ocupación japonesa (en el caso de Indonesia apoyado por los nacionalistas de Sukarno), una fase más o menos larga de guerra contra Francia (sustituida posteriormente por los EE.UU.) y Holanda y la definitiva emancipación. La influencia del comunismo y de China tuvo gran repercusión en el devenir de la península Indochina.
Por su parte, como se ha mencionado más arriba, la descolonización del Norte de África tiene sus antecedentes en el período de entreguerras y, si bien en 1955 sólo han obtenido su independencia Etiopía, Libia, Liberia, Egipto y África del Sur, en un período relativamente breve hasta principios de los 60, la mayoría de aquellos países la han obtenido. Tiene aquí gran trascendencia, ya se ha citado, la actividad beligerante de los movimientos nacionalistas y revolucionarios surgidos antes de los 40. La excepción la constituye Argelia, que aún accediendo a su independencia en 1961, lo hace tras una febril actividad bélica. La gran presencia de franceses continentales en el país dificulta enormemente un proceso que, por otra parte, es de plano rechazado por la metrópoli. Ello da lugar a la sublevación y agitación que lidera Ahmed Ben Bella, cuyas bases más religiosas que sociales han propiciado la actual situación de conflictividad interna en el país. La independencia del país obligó al masivo abandono de colonos franceses, pues la actividad militar del ejército francés y el terrorismo de los colonos integrados en la OAS - Organisation de l’Armée Sécrète, dejaron un obstáculo insalvable.
Por vías pacíficas accedieron a la independencia Ghana (la antigua Costa de Oro, en 1957, incorporando a Togo), Nigeria (en 1960), Sierra Leona (1961), Tanganica (1961, formando junto con Zanzíbar, en 1964, la nueva Tanzania), Uganda (1962). También lograron su independencia en esta misma década la mayor parte de los países del África Negra.
Merece especial atención el fenómeno acaecido tanto en Sudáfrica como en Rodesia y Kenia, donde los porcentajes de población blanca eran elevados. En el último, la confrontación de la guerrilla de los Mau-Mau, la existencia de un único partido negro liderado por Kenyatta y la resistencia blanca a abandonar el poder hicieron que la transición fuera traumática. Sin embargo, la actitud de prudencia de este líder tras su gobierno en el nuevo país independiente propició una coexistencia pacífica de blancos y negros. No fue así en Rodesia del Sur (actual Zimbabwe) y, sobre todo, en Sudáfrica, donde los gobiernos independientes siguieron en manos de la minoría blanca, que practicó políticas institucionalizadas de segregación racial (el 'apartheid') hasta la instauración de verdaderos regímenes democráticos multirraciales. El adalid de esta lucha contra la segregación racial fue Nelson Mandela.
Respecto a las colonias de otros potencias coloniales europeas pequeñas o medianas, puede decirse que España abandonó Guinea Ecuatorial algunos años después y perdió parte del Sahara Occidental tras su ocupación por la población marroquí en la Marcha Verde alentada desde Marruecos. El resto del Sahara fue abandonado a su suerte tras la muerte del dictador Franco. También Bélgica abandonó el Congo al observar los crecientes desordenes públicos surgidos hacia 1959, haciéndolo de una forma tan desordenada que hasta la actualidad se han perpetuado los conflictos internos en el citado país (hoy día llamado Zaire).
Prácticamente las últimas colonias en ser emancipadas lo fueron las antiguas posesiones portuguesas de Cabo Verde, Angola o Mozambique, que no vieron su independencia hasta la caída del régimen dictatorial salazarista (con el derrocamiento militar del Gobierno de Marcelo Caetano, el 25 de Abril 1974), tras la ’Revolución de los Claveles’.
Notas.
(*) Esta imagen está bajo una licencia copyleft de la Free Software Foundation y puede encontrarse en http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:World_1898_empires_colonies_territory.png
En el próximo post sobre este tema.
El ‘Movimiento de los No-Alineados’ en el proceso de descolonización.
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Tags: imperios+europeos imperialismo colonialismo América independencia descolonización
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