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El aguijón. My New Year's resolutions. Feliz Año y ¡cuidado!, que vienen las elecciones ... ¡en la Conferencia Episcopal!.

Escribiendo sus New Year’s resolutions. Así es como los anglosajones comienzan su Año Nuevo, después de cobijarse bajo el muérdago para tener una buena excusa de darle un ídem a quien el resto del año probablemente les ignoraría con gran desdén. ¡Qué se le va a hacer!, quienes vivimos en el norte de la península ibérica no tenemos esa suerte y nos tenemos que conformar con atiborrarnos de comida y bebida, algunos incluso escuchando todos los años los mismos chistes de un primo tercero al que sólo ven en las efemérides y al que ríen las gracias por no partirle las narices delante de los niños de la familia o la abuelita de 90 años a la que se le atragantarían las uvas del disgusto. No son fechas para recordar a determinada gente que no le tragamos. En fin, pues eso, que recordando que los británicos hacen estas cosas tan raras me acordé también de Adrian Mole, un escatológico personaje para adolescentes de 13 años y ¾ en 1985, ideado por la escritora Sue Townsend, al que accedí en Oxford allá por ese mismo remoto año, y que a cualquier adulto podría sacar las mandíbulas inferiores de sus inserciones para llevárselas a bailar samba, bien hablando de su idolatrada / aborrecida Pandora, bien del anciano Bert Baxter y de su asqueroso perro alsaciano Sabre o, sin ir más lejos, de sus poluciones nocturnas. 

 Exagerado pensará alguno. Tal vez, pero así es como yo lo recuerdo. A diferencia de lo que mucha gente piensa, poco tenía que ver este Adrian Mole (un apellido traducible por ‘topo’ para un individuo con gafas) con los también divertidos –pero literatura infantil al fin y al cabo- ‘Le Petit Nicolás’ (acompañado de Godofredo, Clotario y los otros) o ‘Manolito Gafotas’ (con los nunca bien ponderados Susanita ‘bragasucias‘, Yijad y ‘el imbécil’ a su lado). Ni que decir tiene que el primer libro sobre el adolescente inglés, ‘The Secret Diary of Adrian Mole Aged 13 ¾’, de 1984, comenzaba de igual manera que este post, con los propósitos para el Año Nuevo de Adrian, entre los cuales, como no podía ser de otra manera en un adolescente, incluía algunos memorables como “I will stop squeezing the spots on my face” (dejaré de reventarme las espinillas de la cara), o “after hearing the terrible noises downstairs last night, I promise never to drink alcohol” (tras oir los horribles ruidos del piso de abajo anoche, prometo no beber alcohol nunca). Si no me he enterado mal, las historias del ‘topo’ adolescente han continuado con posterioridad con otros títulos publicados (‘The Growing Pains of Adrian Mole’, ‘True Confessions of  Adrian Albert Mole’, ‘Adrian Mole The Wilderness Years’, ‘Adrian Mole The Cappuccino Years’ y ‘Adrian Mole and the Weapons of Mass Destruction) que, por no haber leído, no puedo comentar. Sin embargo poco importan estas últimas, pues me basta con las poluciones nocturnas que recogía en su primer y originario diario el púber para encontrarle un hilo de unión, en sus delirios sexuales, con un infame individuo con alzacuellos blanco y clergyman (o sotana, que igual resulta más cómodo a sus quehaceres), el obispo católico de Tenerife, Bernardo Álvarez, quien, como escribe el diario El País, “comparó la homosexualidad con la pederastia y dijo que ‘hay adolescentes que desean los abusos, incluso los provocan’”. ¡Nada más y nada menos!. Obviamente, el delirio sexual de este último ni hace gracia ni es propio de un adulto normal, sino, al contrario, nos pone de manifiesto una realidad que periódicamente sale a la luz en diversos lugares del orbe, afecta también a adultos ordenados sacerdotes por la iglesia católica y, para más inri, admítaseme la expresión, merece el más absoluto de los silencios por parte de las instancias oficiales y los jerarcas de tal organización. Ver para creer, que diría Santo Tomás.

Pues bien, con tales precedentes se admira que el cardenal Rouco, respaldado por los más ortodoxos exponentes de su ideario, léase Legionarios de Cristo, los kikos (que, seguro, no son un grupo de flamenco pop), Comunión y Liberación, los focolares –estos sí que no sé quiénes son, ... y a saber qué significa el palabro-, Renovación Carismática, y otros tantos grupúsculos imbuidos de las distintivas fides, spes y, más que nunca, charitas, las virtudes teologales católicas, fuera la excepción y se manifestara enérgico, rotundo, grave incluso, en la madrileña plaza de Colón. [¡Ay!, perdón, perdón, perdón. Que me había hecho un lío y pensaba que se manifestaban contra el Gobierno por no haberse pronunciado Zapatero respecto a las declaraciones del obispo tinerfeño].

Si al final va a resultar que tanta mención al aborto, el divorcio, el matrimonio entre personas del mismo sexo (¡liberales, que sois todos unos liberales!), en períodos ajenos a la época de negociar la financiación de las escuelas propiedad de la iglesia, entiéndaseme bien, va a tener que ver con las próximas elecciones generales de Marzo y, ... atento el obispo Ricardo Blázquez, ¡con las elecciones a la presidencia de la Conferencia Episcopal!.

En fin, que con tanto ajetreo, como de costumbre, me he vuelto a olvidar de escribir mis New Year’s resolutions. Otra vez será.

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Un Comentario »

  1. El Rul — 14-01-2008 - 23:16:37 GMT 1

    No he leido el libro pero sí recuerdo la serie de Televisión sobre Adrian Mole, extraña pero molaba. El obispo ese no mola.Tranquilo, todavía te quedan unos cuantos días este año para hacer la lista

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