El Aguijón: Europa tiene un grano en el culo (esta vez sí).
Europa tiene un grano en el culo. Bonito títular para la prensa escrita, muy gráfico, la verdad, sobre todo si luego se explica quién es el grano, porque supongo que no hace falta explicar qué es el culo. Veremos qué se puede hacer (para explicar lo del grano, insisto). Lo que de inicio sí que quiero dejar claro es que el hecho de retomar este post -que anteriormente dejé huérfano- en este preciso momento, e intitularlo de igual manera con una acotación entre paréntesis, "esta vez sí", nada tiene que ver con el nombramiento de Felipe González como presidente del nuevo Grupo de Reflexión constituido por la Unión Europea. Esta circunstancia constituye una mera coincidencia. Simplemente es que esta vez sí que parece que voy a tener tiempo de escribir. Vaya, ¡por comentarlo!.
Pues bien, cuando hace ya algunas semanas colgué un post con este mismo título, en quien realmente estaba pensando era en los gemelos Kazinsky, Jaroslaw y Lech, quienes, como máximos representantes del Estado y el Gobierno de Polonia, y con la inestimable ayuda de mamá Kazinsky, desde unas posiciones del ejecutivo polaco que podríamos considerar ultranacionalistas, ultraconservadoras e integristas católicas, estaban poniendo más que lastre a las negociaciones del nuevo tratado que, tras el arrumbamiento del Tratado constitucional, finalmente se ha aprobado en Lisboa recientemente. Bien es cierto que no eran los únicos, ni siquiera han sido los primeros cronológicamente, en poner entre la espada y la pared instrumentos de construcción europea, pues esto se ha venido haciendo constantemente, por supuesto incluso desde antes de que Polonia se incorporara a la Unión. Y es que en la Europa de la Unión convivimos gentes, culturas y gobiernos de todas las madres y padres que se pueda imaginar, de forma que no resulta difícil hacerse idea de que los intereses no serán siempre y necesariamente los mismos, cosa que a todas luces implica dificultades a la hora de ponerse de acuerdo. Es más, no cabe duda de que los proyectos de cada cual para la UE ni siquiera son los mismos. Así bastaría recordar que cualquiera es capaz de identificar la palabra euroescepticismo con el Reino Unido de manera inconsciente (¡por algo será!). O que fue principalmente Francia el Estado miembro que hizo descarrilar el camino de aprobaciones de la denominada Constitución Europea (por intereses que seguramente tenían más que ver con el descontento con la propia situación interna que con lo que hacía referencia a la Unión). O, sin explayarme más en ello, porque ejemplos encontraríamos unos cuantos en cada momento y período de las negociaciones, lo que suele llamarse los egoismos nacionales, que afloran de forma constante y no deben su nombre, precisamente, a los nacionalismos periféricos o minoritarios, sino muy especialmente a los nacionalismos de Estado; ¡qué también existen!.
Pero siempre debe de haber un cabeza de turco, un chivo expiatorio sobre el que descargar las iras personales que cada uno tiene y, como decía, yo me fijé (¡qué se le va a hacer!) en los simpáticos gemelos Kazinsky. No en vano, incluso el mismo ex Presidente de Polonia, Lech Walesa, los ponía a caldo en una entrevista publicada en el diario El País (Madrid) y asemejaba un centrista a su lado, cual, por poner un ejemplo -aleatorio y sin ánimo de señalar-, el nunca bien ponderado José María Aznar. Y a ello contribuyeron sus beligerantes e insistentes declaraciones, tanto como actos de política interior en la República de Polonia, donde, al parecer, veían peligrosos homosexuales por todas partes, se ha hablado de la presencia de ilegales cárceles secretas norteamericanas y los pobres niños se veían acechados por la muy negativa influencia de los infames Teletubbies (esto es lo que, en castellano, se llamaría, nunca mejor dicho, 'no dejar títere con cabeza').
Y ocurrió lo último que hubiera deseado en este mundo. Van los tíos y celebran elecciones legislativas en Polonia (¡sólo a la Democracia se le ocurren estas cosas!), con la mala suerte de que, además, el partido de los gemelos sale derrotado y se conforma un gobierno de signo más conciliador con la construcción europea. Así pues, mi grano en un pozo (perdón por el lapsus, mi gozo en un pozo quería decir); desaparece el grano que había elegido y me quedo en blanco. ¿Dónde hay otro grano en el culo ahora?.
Ha transcurrido el tiempo y tampoco ha resultado fácil que se aprobara el Tratado de Lisboa, de manera que, visto en perspectiva, parece que no había motivos para la alarma. Nos siguen quedando en la Europa de la Unión lo que los anglosajones denominan 'a pain in the arse' (escríbase 'ass' si el anglosajón es norteamericano). Tiempo habrá de reflexionar sobre ellos. Por el momento, nos conformaremos con leer reflexiones ajenas sobre este nuevo instrumento de la UE a fin de, a expensas de leerlo, ver por dónde van los tiros.
Y quizás comience por leer la opinión que el británico Timothy Garton Ash publica, con el título de 'Batiburrillo en Lisboa', en el diario El País (16/12/2007), comenzando por decir, literalmente, que "El nuevo tratado reformado de Lisboa es una porquería, pero da libertad a la Unión Europea para hacer cosas más importantes". ¡A ver qué cuenta!.
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