Elecciones presidenciales francesas. Sarkozy y el debate entre la renovación desde la derecha o desde la izquierda.
Este post es en honor, nuevamente, de mi amigo Iñigo L., fan vehemente de Monsieur Sarkozy, son président, quien ayer me confesó que no acostumbra a leer este blog en el que, con enorme cariño y devoción (ja), estrujo un poco los sesos para no caer en la rutina intelectual. Ahora entiendo por qué no obtenía respuesta a los guiños que le iba poniendo. En fin, resignación.

Así es, Sarkozy, está de moda. Es curioso ver como un hombre sin la planta ni el glamour de Jacques Chirac, sin la refinada educación y el cosmopolitismo de Dominique de Villepin, sin la campechanía rural de François Bayrou, sin la apostura de Ségolène Royal, sin, finalmente, la demagogia y la macarra presencia del inefable Jean-Marie Le Pen, consiguió pasarse por la piedra a todos ellos y, con un notable apoyo popular, con independencia de las discrepancias ideológicas que se puedan tener con él, está dignificando el papel de una institución tan fundamental en la República Francesa como la Presidencia, que había pisoteado notablemente su característica grandeur.
No sé si Sarkozy pasará o no a la Historia con la fuerza del presidente republicano por excelencia, el general De Gaulle, pero lo que está claro es que, éste a quienes algunos ya denominan ‘le petit Napoléon’, se está ganando a pulso el sueldo, pues desarrolla una frenética actividad con la que, al parecer, quiere ‘poner las pilas’ a Francia. Iñigo tiene una teoría muy personal a este respecto, pues lo vincula con el estado civil del dignatario galo, pero, por no perder la compostura, ni él ni yo lo haremos explícito y nos ceñiremos a reflexionar sobre cuestiones pretendidamente más enjundiosas. Así, por ejemplo, sobre las elecciones presidenciales que se celebraron hace algunos meses, en torno a cuyas circunstancias políticas y normas reguladoras podríamos pararnos a reflexionar un rato. Para ello, retomaré un texto que terminé de escribir el pasado 20 de Mayo y que levemente actualizo.
Elecciones presidenciales francesas. El debate entre la renovación desde la derecha o desde la izquierda.
La última carrera hacia la Presidencia de la República Francesa ha sido larga y llena de obstáculos inconfesables. A las luchas intestinas entre políticos de la derecha por el delfinato de Chirac se ha sumado el juego sucio de los principales aspirantes a tal candidatura, Dominique de Villepin y Nicolas Sarkozy, envueltos, como el mismo Chirac, en sucesivos y variados escándalos políticos como el caso Clearstream de supuestas comisiones ilegales (que resultó ser un montaje y salpicó a de Villepin), espionaje por parte de los servicios de información del Estado a personalidades de la política y trato de favor de inmobiliario (Sarkozy), o las presuntas cuentas secretas del Presidente saliente. Y, visto en perspectiva, la izquierda del Parti Socialiste Française (PSF) no debió de quedarse a la zaga en el proceso de elección de su candidata, Ségolène Royal (en los últimos meses objeto de robos, al igual que su asesora, Sophie Bouchner-Petersen, pero también envuelta en polémicas por sus propiedades y el impuesto sobre las fortunas), a quien se opusieron inicialmente los ‘barones’ del PSF, muchos de los cuales, aún a regañadientes, acabaron por apoyarla y, tras la derrota electoral, han terminado pasándole factura en las legislativas del mes de Junio. Junto con ellos hasta un total de 10 candidaturas más en la primera vuelta del 22 de Abril.
El sistema de elección de la máxima magistratura del Estado francés.
Si bien en las elecciones europeas y en las departamentales se utiliza el sistema de representación proporcional, de todos es conocido que el sistema electoral francés ordinario que se emplea en ámbitos electorales como las presidenciales o las elecciones a la Asamblea Nacional es el escrutinio mayoritario a ‘doble vuelta’.
Sin necesidad de entrar a detallar el proceso electoral presidencial enteramente, mencionando el no papel los no inscritos, la nula trascendencia del abstencionismo o referencias a cuestiones más técnicas como la barrera electoral, la circunscripción única, etcétera, sí que es sin embargo relevante señalar que, desde la reforma constitucional de 1962 –momento hasta el cual la elección del Presidente se hacía por un colegio de notables-, en la República semipresidencialista que es Francia, el sufragio es universal, libre y directo para los ciudadanos mayores de edad en pleno ejercicio de sus derechos políticos. Probablemente por esta razón, junto con el importante papel institucional que juega desde el advenimiento de la V República gaullista, el máximo órgano institucional unipersonal de la Constitución francesa de 1958 goza de una notable legitimidad política y una gran importancia social en comparación con otras jefaturas de Estado de carácter no electivo o elegidas de forma indirecta.
Y es precisamente esta relevancia la que hace que sea la propia Constitución francesa la que regule, de una forma notablemente detallada –tal y como se hace en un extenso artículo 7-, la elección del Presidente de la República.
Si bien no se especifica en esta norma, es interesante recordar aquí que la obtención del derecho a concurrir en las elecciones presidenciales francesas viene precedida de la necesidad de obtener un mínimo de 500 firmas de cargos electos que avalen cada candidatura, circunstancia esta que ha jugado un interesante papel en esta convocatoria en relación con el candidato del ultraderechista Front National, Jean-Marie Le Pen.
Como última referencia general a las prescripciones constitucionales al respecto, baste señalar que, según el artículo 6 (modificado en el Otoño de 2000 y cuya aplicación efectiva se produjo en la convocatoria de 2002, dando inicio al segundo mandato de Jacques Chirac), las elecciones presidenciales se celebran cada 5 años, frente a los anteriores períodos de 7, en un intento de evitar el fenómeno de la cohabitación y de arrastrar votantes por la proximidad de las convocatorias electorales presidencial y legislativa, que se celebró el mes de Junio.
El proceso electoral en la Francia de 2007.
Nicolas Sarkozy, ex Alcalde de Neuilly-sur-Seine y Ministro de Interior en los últimos años, propugnaba una ruptura tranquila con el pasado para Francia. Su tema favorito: revalorizar la cultura del trabajo y el esfuerzo, recordando que ‘no hay derechos sin obligaciones’. Entre sus propuestas electorales figuraban un nuevo tratado simplificado para la UE, amparando la reforma institucional y de la forma de toma de decisiones, que sería ratificado por el Parlamento sin refrendo popular directo, y permitiría sacar a la Unión del impasse en que se hallaba sumida, entre otras cosas, por la negativa francesa a suscribir el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa. En este mismo ámbito, un pleno rechazo a la incorporación de Turquía a la UE. Sus otras grandes promesas electorales eran la mano dura con la delincuencia y el control de la inmigración o la reducción de los impuestos.
Inicialmente con guiños a la izquierda y, ya en campaña, con un notable escoramiento en las formas y los temas para ganarse los votos de la ultraderecha, Sarkozy utilizó una llamada táctica al padrinazgo de Le Pen para el paso de su candidatura de la barrera de las 500 firmas con la intención de evitar la pérdida de votos por ese flanco en la segunda vuelta, al igual que animó el paso de la barrera del trotskista Besancenot, en la intención de parecer ecuánime y, obviamente, de dividir a la izquierda, procurando así dejar a la candidata socialista fuera de la segunda jornada electoral. Consiguió, en cualquier caso, el respaldo explícito de su adversario de Villepin a escasos 10 días de la primera jornada electoral, al igual que, anteriormente, de otros líderes de la derecha y el centro, como Simone Veil, frente a la absoluta frialdad del saliente Chirac, de quien, en cualquier caso, en todo momento procuró apartarse para no quedar atrapado en sus sombras de presuntos clientelismo y corrupción (empleos ficticios y financiación ilegal del RPR en sus casi 20 años de Alcalde de París, ahora en los Tribunales).
Por su parte, la socialista Ségolène Royal, popularmente motejada como ‘la zapatera’, defensora del Estado fuerte y protector, apostó por la reforma institucional y la inauguración de una nueva era política, la de la VI República, que habría de concretarse en un reforzamiento del parlamentarismo y la profundización en la Democracia. Otras de las propuestas de entre las 100 medidas de su ‘Pacte Présidentiel’, podrían concretarse en asegurar más Estado protector. Después de haber sufrido el desaire, cuando no la abierta confrontación, de otros líderes del PSF, para su campaña configuró un denominado ‘consejo estratégico presidencial’, en el que terminó por reunir a casi todos sus oponentes de familia política.
El tercero en liza, un inesperado François Bayrou, sin el respaldo de una organización fuerte detrás de sí y preparando las legislativas en la intención de crear un nuevo partido centrista, apostó por la educación, la reducción de los impuestos a las clases medias y bajas, y la protección de las Pymes como ejes de su programa.
Jean-Marie Le Pen, en el juego del victimismo antisistema y ultraderechista, intentó, a sus más de 80 años, repetir el paso a la segunda vuelta conseguido hace 5, si bien en todo momento tuvo dificultades incluso para conseguir el mínimo de firmas que le hicieran acreedor de una candidatura a la Presidencia, carta que jugó hábilmente para hacerse notar.
Pues bien, ya en Febrero, los sondeos avanzaban que la carrera presidencial se había convertido, como máximo, en cosa de cuatro: Sarkozy, Royal, Bayrou y Le Pen.
El 16 de Marzo terminó el plazo de presentación de las 500 firmas que debían avalar cada candidatura para ser aceptada en la concurrencia electoral y, cuatro días más tarde, el 20 de Marzo, se supo que, finalmente, serían hasta 12 las candidaturas en la lid, sumando a las ya citadas las de Arlette Laguiller (Lutte Ouvrière), Olivier Besancenot (Ligue Communiste Révolutionnaire), Marie-George Buffet (Parti Communiste), Dominique Voynet (Les Verts), Philippe de Villiers (Mouvement Pour la France), Gérard Schivardi (Parti des Travailleurs), Frédéric Nihous (CPNT – Chasse, Pêche, Nature, Traditions) y José Bové (altermundista).
Oficialmente, si bien los movimientos de todos los postulantes venían desde atrás, incluso ya en 2006, el inicio de la campaña se produjo el 10 de Abril, con Sarkozy como gran favorito, Royal como primera oponente y la incógnita del papel que terminaría jugando Bayrou, hasta el último momento con posibilidades de haber pasado al segundo Domingo. Entre contundentes debates y filtraciones de supuestas alianzas entre Royal y Bayrou para repartirse la Presidencia y el liderazgo del Gobierno a elegir en las legislativas de Junio, que incluso, siendo desmentidos, recibieron el apoyo público del ex Primer Ministro socialista Michel Rocard, quien, junto con el ex Presidente Valéry Giscard d’Estaing, también apostó por un pacto de centroizquierda para desbancar a Sarkozy, la votación en primera vuelta se produjo el 22 de Abril, con el resultado del paso de los candidatos Sarkozy y Royal a la segunda ronda electoral. La segunda vuelta de las elecciones presidenciales se celebró el pasado 6 de Mayo.
El resultado. La elección de Nicolas Sarkozy.
Con una notable participación de casi el 85% del electorado y confirmando las previsiones de los estudios demoscópicos, que le situaban en torno a unos 6 puntos de distancia porcentual en las intenciones de voto frente a su rival socialista, Ségolène Royal, el candidato de la presidencial UMP, Nicolas Sarkozy, se hizo con más del 50% de los votos emitidos, sumando apoyos, sobre todo, en las zonas del Este y el Norte del país, en tanto que Royal obtenía sus mejores resultados en las zonas del Oeste y el centro
A partir de ese momento era cuando podía empezar a comprobarse si realmente, como aseveraban algunos observadores, ‘una vez elegido, el candidato buscará establecer distancia política de sus orígenes partidistas’. E, inicialmente, pareció que así podría ser en atención a los gestos realizados por Sarkozy a la hora de configurar su nuevo Gobierno, liderado por François Fillon: reducción de las carteras ministeriales a 15, paridad de sexos e, incluso, la selección de personas no provenientes de la derecha para ostentar las carteras de Exteriores y de Defensa, el socialista Bernard Kouchner y el centrista Hervé Morin respectivamente, aunque podría también considerarse que se trató de una iniciativa para dar la puntilla a sus contrincantes socialista y centrista, Royal y Bayrou, ante la proximidad de una nueva convocatoria electoral; no en vano, este último había lanzado el Mouvement Démocrate el 10 de Mayo, con el apoyo de Giscard d’Estaing y de cara a las elecciones legislativas (procurando afianzar el notable respaldo recibido en las presidenciales, toda vez que la centrista UDF se había roto en la práctica con un deslizamiento de muchos de sus dirigentes hacia la UMP del nuevo Presidente francés) y Royal había renunciado a ser candidata en las mismas.
Las elecciones para constituir la nueva Asamblea Nacional se celebraron, en 577 circunscripciones y mediante voto personal mayoritario a doble vuelta, los días 10 y 17 de Junio. Aquí se vio cómo las mayorías presidencial y parlamentaria terminaban siendo iguales, reforzándose Sarkozy en su alta magistratura y no teniendo que sucumbir, por el contrario, por no haberse reproducido el fenómeno de la cohabitación de mayorías dispares, en cuyo caso los poderes del Presidente de la República entrante se hubieran visto en la práctica política constreñidos por el ejercicio cotidiano del poder por parte de un adversario.
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