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El aguijón: los trabajadores tóxicos y el 'vengador' del mismo nombre.

Hace unos días, escuchando la radio mientras conducía de regreso a casa, con la mirada fija, de forma casi hipnótica, en el asfalto de la carretera y abstraído en mis pensamientos, oí hablar a un individuo sobre 'trabajadores tóxicos' y me sobresalté. En realidad apenas si tengo trato directo con la mayor parte de mis compañeros de empresa en contadas ocasiones a lo largo del año (lástima, porque todavía no me he topado con ninguno que no merezca la pena), de manera que, indudablemente no correría el riesgo de contagiarme o contaminarme con nada. Además, como no dijo nada de los clientes, pues eso, ... que al poco me quedé más tranquilo. No obstante, al día siguiente reapareció la noticia en el periódico y, claro, …lo leí. De forma que hoy escribiré unas líneas al respecto. ¡Joder, si es que algunos van provocando!.

vengador-toxico-cartel.jpg "Un estudio de la consultoría Otto Walter presentado por APD señala que el 90% de los jefes asegura contar en su organización con 'empleados tóxicos'". Así es como, literalmente, reza el titular de prensa en que se recoge la noticia (Diario El Correo, suplemento Infoempleo.com, de 18 de Noviembre de 2007). Y las cifras asustan; incluso a mí mismo, que tengo dificultades para captar comentarios sutiles como aquellos y que, si hacemos caso de la estadística recogida en el artículo citado, fijo que no escapo de alguna o varias de las clasificaciones –verás cuando se entere mi mujer, … ¡qué disgusto se va a llevar, ella que es jefa!-. Pero, pero, pero ... ¿qué clase de personajes convivimos en las empresas?.

Se habla, así, por poner algún que otro ejemplo, de los trabajadores conflictivos, que no sabemos bien cuántos son, pero constituirían la crème de la crème, el grupo más numeroso en este zigurat de desatinos. Tendríamos en segundo lugar hasta un 60% de trabajadores vagos, holgazanes, escaqueados, gandules y aquellos otros que pudiéramos calificar con similares epítetos. Les siguen en la clasificación los incompetentes, con un 47%. Los defraudadores, ladrones, falsificadores, mentirosos, falsos acusadores y demás inmorales constituyen el 40%. Con un porcentaje no determinado en el artículo, pero por debajo de los anteriores en el escalafón, están los ausentes, que pueden separarse en absentistas de verdad, vamos, esos que se quedan en sus casas con bajas laborales injustificadas y otras argucias, y aquellos otros que podríamos denominar, en un alarde de esquizofrenia, de ausentes presentes (joder, no sé si suena esto muy parecido a una paradoja, como lo de los contratos fijos discontinuos –ya que hablamos de trabajo-, o, quizás, desde un punto de vista más mordaz y jocoso, como lo del chiste del oso hormiguero –otra vez el oso hormiguero, que lo mismo vale para un roto que para un descosido-), que serían los que hacen lo mismo que los anteriores en la empresa, o sea, nada, pero calentando el asiento dentro del horario laboral (habladores profesionales, deambuladores y paseantes –estos, por definición, calientan poco el asiento-, ...). And last, but not least, al alimón con un digno 27% de representantes, los ‘anti-jefes’ y los arrogantes. Así es, 7 son 7 las hijas de la infamia en la clase trabajadora. Pero claro, se preguntó a 650 directivos españoles. Y el interrogante que inmediatamente surge es: ¿qué coño hacen los próceres europeos occidentales del capital permitiendo que arruinemos el país impunemente?. Por más que me fustigo, sigo sin explicármelo.

Y, dicho esto, ¿adónde quiero llegar?. Pues es sencillo.

Desde la primera vez que oí la noticia en una emisora de radio, a cada momento que se mencionaba, de una forma u otra, a los trabajadores tóxicos, lo que a mí se me venía a la cabeza era la imagen de un glorioso personaje del gore más cachondo; sí, por qué negarlo, las inconfundibles faz y torso del siempre incomensurable y nunca bien ponderado ‘Toxic Avenger’, o sea, el Vengador Tóxico, que es quien en realidad se me vino a la memoria mientras oía hablar de tanta toxicidad en el entorno laboral. Si es que la cabra tira al monte, ¡qué le vamos a hacer!.

Y me trae recuerdos de mi primera juventud (guau, esto ha sonado a las batallitas del ‘abuelo Porretas’), cuando, durante los días de celebración de la Semana de Cine Fantástico y de Terror, era posible coincidir a escaso centímetros de distancia, cenando mesa con mesa en el restaurante que Ganbara de San Sebastián tiene en la planta baja, con el irrepetible Lloyd Kaufman, guionista y codirector del largometraje en el que se narraron originalmente las historias de nuestro personaje.

¿Cómo?, ¿qué hay quien todavía no sabe quién es el ‘Vengador Tóxico’?. Obvio, qué pregunta más tonta, cómo no iba a haberlo.

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La película protagonizada por nuestro contrahecho héroe (‘The Toxic Avenger’, Troma Entertainment, 1985), considerada de culto entre algunos, si bien otros entienden que no es sino un producto de serie B en torno al cual sus creadores han sabido generar todo un emporio del merchandising, es un largo gore de extraña comicidad en el que un individuo corriente, Melvin Ferd, empleado en un gimnasio de la ciudad vertedero a la sazón, tiene la extravagante fortuna de precipitarse en un recipiente de asqueroso residuo radiactivo que, como les sucede a casi todos los superhéroes, produce un cambio irreversible en su vida, no sólo en lo que al aspecto físico se refiere (para ser sinceros, queda hecho un asco el pobre), sino fundamentalmente en su trayectoria vital, al proporcionarle una misión en la vida (sí, claro, combatir el mal y a los malvados en pro de los más débiles, que parece que nunca hubiéramos visto una película del pelo). Nacería de esta forma ‘Toxie’.

En fin, que volviendo al principio de este post, en caso de haber sido consultados sobre ello, ¿qué pensarían los propios trabajadores de los directivos que los calificaban como tóxicos?. En un alarde de sarcasmo, si le diéramos la vuelta a la tortilla y constituyeran el objeto de la encuesta los citados jefes (incluyendo en la categoría a todos los estratos de la empresa, desde los mandos intermedios hasta el mismísimo Olimpo de los jefes), ¿con qué nos encontraríamos?. Aunque muchos son los llamados y pocos los elegidos, seguramente, en lo más hondo de nuestro imperfecto y desdichado humano ser, no somos unos y otros tan distintos, así que, para qué negarlo: sinceramente, parecen un tanto exageradas las infamias de la clase trabajadora. De lo contrario, ¿cómo es que funciona el mundo?. No pediré por favor qué alguien me lo explique, pues, afortunadamente, ya hubo hace algunos días quien, en un foro académico, y sin venir al caso de lo que ahora comentamos, inconscientemente lo hizo.

Koldo Sarachaga, uno de esos ejecutivos de éxito que constituyen rara avis entre los suyos, nos decía que, al igual que las medallas se las cuelga quien está arriba en la jerarquía de esa empresa piramidal en la que estamos acostumbrados a desenvolvernos en nuestra vida laboral, de la misma manera, el jefe es quien debe hacerse responsable de todo aquello que no funciona y, para ser más exactos, que si algo falla, también es culpa suya. No creo que merezca la pena extenderse más en esto, pero seguro que da que pensar. ¿No será, a fin de cuentas, que el ‘Vengador Tóxico’ (perdón por el lapsus, quería decir trabajador) podría ser también, como aquel, la reacción a un baño en un bidón de basura nuclear?.

NOTAS: Si a alguien le apeteciera ver el trailer de la película de referencia en este post en versión original, ‘The Toxic Avenger’, puede verlo aquí mismo.

  

Sobre la película en http://www.toxicavenger.com

Sobre la Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donostia – San Sebastián, en http://www.donostiakultura.com/terror

Y si alguien quiere tomarse la molestia de leerse el estudio de la consultora sobre la toxicidad de los trabajadores y sus escandalosos porcentajes en su integridad, pues … ¡qué se busque la vida!.

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