Hemeroteca: ¿Cuáles son las objeciones más habituales a la instauración de una Renta Básica (RB) Ciudadana Universal?.
En este post se reproduce literalmente, si bien tan sólo de forma parcial, el documento titulado “La renta básica”, de Daniel Raventós, Doctor en Ciencias Económicas y Profesor en las Universidades de Barcelona y Autónoma de Barcelona, de lectura altamente recomendable, que se puede descargar íntegramente de la página web de la Red Renta Básica (Rrb), concretamente en http://www.nodo50.org/redrentabasica/descargas/sintesicas.pdf
Mi agradecimiento a la Red Renta Básica, que autoriza y anima a su difusión de manera altruista.
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Las objeciones más habituales.
La ya extensa producción académica acerca de la RB, ha motivado que se hayan realizado muchas objeciones. Algunas de ellas son simplemente insostenibles, otras son muy flojas y, finalmente, hay un grupo de ellas que podríamos calificar de interesantes. A las primeras y las segundas no vale la pena dedicarles espacio. Pero sí a las interesantes. Algunas de ellas ya han sido contestadas directa o indirectamente a lo largo del texto, pero otras no. Es el momento de hacerlo.
1) La RB incentivará la pereza y el parasitismo.
2) La RB provocará que algunos trabajos remunerados no quieran ser hechos por nadie. Sólo el recurso a la mano de obra barata proveniente de la inmigración de los países pobres podría cubrirlos.
3) La RB, al desligar la percepción de una renta de la realización de un trabajo remunerado en el mercado, impide participar a los individuos de las virtudes del trabajo asalariado. Esta crítica tiene una variante: la RB se opone al derecho al trabajo (asalariado).
4) La RB supone unos costos de financiación que lo hacen imposible.
5) Si la cantidad de la RB es muy pequeña, muchas de las virtudes que se le atribuyen no serán logradas.
6) La RB generará situaciones imprevisibles.
Se observará que las 3 críticas primeras son de tipo normativo o ético. En cambio, las 3 últimas son de tipo técnico.
Las críticas éticas.
1. La primera crítica —recordemos: “la RB incentivará la pereza y el parasitismo”— puede ser dividida, según quien la profiere, entre aquellos que equiparan todo trabajo a trabajo remunerado en el mercado y aquellos que, aun reconociendo que el trabajo es una realidad más amplia que la descrita por el trabajo remunerado en el mercado, consideran que el parasitismo y la pereza se extenderían a todos los ámbitos del trabajo, es decir, además del remunerado, el doméstico y el voluntario. Por parasitismo entiendo algo tan concreto como aquel estado según el cual quien cae en él obtiene un beneficio, pero deriva parcial o totalmente el coste hacia otra persona. La primera parte en que he dividido la crítica supone algo inadmisible y, por eso mismo, su objeción está seriamente mutilada ya de entrada. La RB, por el hecho de evitar las trampas de la pobreza y del paro, no solamente no incentivaría la pereza, sino que no habría motivos para no querer trabajar remuneradamente relacionados con la pérdida de un subsidio condicionado. La segunda parte en que he dividido la primera crítica es aún más débil, si ello fuera posible, que la anterior. Liberar tiempo de un tipo de trabajo, el remunerado, puede facilitar que se invierta en los otros, el voluntario y el doméstico. Pensar que, al contrario, este tiempo liberado sería empleado parasitariamente por la mayoría social o por una amplia minoría, es tener una opinión poco fundamentada de la psicología de nuestra especie. Hay tres tipos diferentes de necesidades: las de confort individual, las de confort social y las de estímulo.
Las terceras, que no son de seguridad sino necesidades de estímulo, de no satisfacerlas podemos llegar a aburrirnos mortalmente, por mucho confort y seguridad que podamos tener. Suponer que una RB estimularía la pereza y el parasitismo es dar por sentada una psicología humana sin necesidades de estímulo. Además, poco tiene que ver con lo que podemos observar en nuestra vida cotidiana. Mucha gente que tiene ciertas necesidades cubiertas dedica tiempo al trabajo de formación, de solidaridad y de cuidado de los suyos. Mas, una vez afirmado lo anterior se ha de admitir que la RB abre la posibilidad al parasitismo y a la pereza que es una afirmación más débil que la discutida hasta aquí (permitir es más suave que incentivar). Es una puerta abierta a cualquiera, cierto. Ahora sólo la tiene una pequeñísima fracción de la ciudadanía: los que pueden vivir sin necesidad de trabajar remuneradamente. Que lo hagan efectivamente o no dependerá de otras cosas, pero tienen la oportunidad de hacerlo.
2. La objeción que he numerado en segundo lugar y para la cual los trabajos remunerados que no quieran ser realizados por nadie que percibiera una RB serían ocupados por la mano de obra barata proveniente de la emigración de los países pobres, no es correcta. La lógica de la argumentación es realmente lúgubre. Puesta patas arriba y sin el menor subterfugio puede ser reformulada así: intentar acabar mediante la RB con la pobreza de los países ricos motivará que vengan más inmigrantes del Tercer Mundo. Vamos a ver, las reformas sociales que en los países ricos valgan la pena ponerse en práctica pueden tener argumentos favorables o contrarios, pero es de dudosa coherencia el de “puesto que los habitantes de los países pobres no la tienen”… no se ha de poner en práctica. Un ejemplo, las mujeres del Afganistán actual viven unas condiciones nada envidiables. ¿Sería razonable poner en cuestión alguna medida digamos favorable a las mujeres de la Unión Europea con el argumento de que las mujeres de Afganistán están francamente mal y que la distancia entre ambas realidades femeninas será aún mayor? Cuesta de imaginar. Desear y luchar por acciones y reformas públicas que se consideren oportunas para mejorar la existencia de los habitantes de los países ricos —y la RB es una propuesta para favorecer, aunque no sólo, a los más pobres de esta ciudadanía— no implica que haya de redundar necesariamente en menoscabo de los habitantes de los países pobres. En ninguna de estas demandas sociales en los países ricos se está pendiente de cómo pueda repercutir entre la población de los países pobres. Y es muy razonable pensar y actuar de esta guisa. Finalmente, cabe añadir algo más y es que las legislaciones sobre la inmigración proveniente de los países pobres, sea favorable o no la opinión que se tenga sobre tales normativas, depende de otros mecanismos que los de la implantación de la RB. Como ha quedado patente en muchos casos desgraciados, los emigrantes de los países pobres no tienen mucho conocimiento, si es que tienen alguno, de la legislación sobre inmigración de los países ricos. Cuando alguien emigra por necesidad, y son muchos los testimonios que lo corroboran, lo han dejado todo detrás.
Pero aún puede mantenerse en pie la objeción modificándola algo. ¿Quién querría hacer los trabajos especialmente desagradables y penosos con una RB?. Es razonable augurar que habría trabajos cuyos salarios tendrían una presión al alza. Dicho en la jerga económica convencional: se necesitarían más estímulos monetarios para incentivar la aceptación de determinados trabajos. En cambio, los salarios de otros trabajos (más gratificantes, de prestigio o simplemente autotélicos, es decir, que su realización conlleva la recompensa) sufrirían una presión a la baja.
E. O. Wright, seguramente el teórico vivo de las clases sociales con mayor prestigio, sostiene que si un trabajador tiene garantizado una RB, será más caro sobornarlo para que acepte un trabajo desagradable y que, en cambio, para aceptar trabajos de índole más gratificante, no se precisarían muchos estímulos salariales. Y sentencia: “No hay que motivar demasiado a profesores de sociología, por ejemplo, para que trabajen, ya que su trabajo es intrínsecamente agradable”. Wright es profesor de sociología en Wisconsin.
3. Como se recordará, la crítica número 3 decía: la RB, al desligar la percepción de una renta de la realización de un trabajo remunerado en el mercado, impide participar a los individuos de las virtudes del trabajo asalariado. Aunque esta objeción pueda estar comprendida dentro de una visión más general acerca de lo que se conoce por “centralidad social del trabajo” intentaré distanciarme de aspecto tan importante en la medida de lo posible. Esta crítica supone que el trabajo asalariado tiene unas virtudes muy especiales. Participación social, integración, hecho vital central, … son algunas de estas bondades que se atribuyen al trabajo asalariado. Estas virtudes del trabajo asalariado suelen ser remarcadas por profesores universitarios. Pocas veces son vistas así por la mayoría de los propios asalariados. Y ello no resulta extraño puesto que la atribución al trabajo asalariado de estas supuestas virtudes es, mirado de cerca y con detenimiento, una sandez. “¿Por qué razón deberían enhebrarse todas las actividades útiles que los seres humanos son capaces de hacer a través del agujero de la aguja de un contrato laboral?”, se preguntaba Offe hace ya más de 20 años.
Veamos más sistemáticamente los argumentos que oponen a la RB los partidarios de las virtudes del trabajo asalariado. Los argumentos más utilizados son: 1) La inserción mediante el trabajo asalariado ha de ser la piedra angular de toda lucha contra la exclusión social, 2) Mas allá de un derecho a la renta existe un derecho a la utilidad social, 3) El derecho a vivir del propio trabajo es irrenunciable, y 4) El trabajo asalariado es parte indisociable del reconocimiento social.
Analizaré cada uno de los cuatro argumentos.
1. Hay algo incongruente en esta afirmación. Para hacerla evidente se puede descomponer la afirmación en estas otras: a) se ha de luchar contra la exclusión social, b) el trabajo asalariado es el instrumento principal (o único, en la versión más dura) para lograr a). Por tanto, b) es un instrumento para conseguir la supresión de la exclusión social. Estar de acuerdo con a) no significa evidentemente haber de estarlo con b). Si el trabajo asalariado no está disponible para toda persona que quiera conseguir uno, nunca, siendo fieles a la argumentación apuntada, se conseguirá el objetivo de suprimir o paliar grandemente la exclusión social. Desde una perspectiva empírica, se ha de poder responder a la sencilla pregunta ¿Hay o no trabajo asalariado para toda persona que quiera uno?. Es una pregunta fácil de responder: no, ni mucho menos. Si preguntamos “el adecuado para cada uno”, el “no” es aún más rotundo.
2. El segundo argumento, aunque a menudo utilizado por los críticos de la RB, no se sabe bien a cuento de qué viene. La utilidad social no necesaria ni principalmente ha de venir de la mano del trabajo asalariado. Júlia puede sentirse mucho más útil socialmente trabajando sin salario en el movimiento feminista que trabajando asalariadamente en unas oficinas de un banco. Si saca tiempo de la primera actividad debido a su dedicación a la segunda es porque está obligada a trabajar asalariadamente para vivir.
3. El tercer argumento según el que el derecho a vivir del propio trabajo es irrenunciable, hace sospechar que nos encontramos delante de un problema mal planteado. La propuesta de la RB no se opone en ningún caso a la posibilidad de que la gente que quiera trabajar asalariadamente lo pueda hacer. Lo que hace es justamente ampliar el conjunto de oportunidades al respecto.
4. Queda aún el cuarto argumento de entre los más frecuentes que oponen los partidarios de las virtudes del trabajo asalariado al SUG, aquél que asegura que el trabajo asalariado es parte indisociable del reconocimiento social. Este argumento, aunque seguramente muy potente hace pocos lustros, pierde cada vez más fuerza. El trabajo asalariado es percibido de forma creciente como menos importante en la vida de la mayoría de personas. Por ejemplo, en una encuesta de
1997 a los trabajadores belgas, el 48% prefería más el tiempo libre que el dinero. Si el argumento “el trabajo es parte indisociable del reconocimiento social” se transforma en “la pérdida del puesto de trabajo y las consecuencias que de esta situación se derivan repercuten en una mengua del reconocimiento social”, no hay problema para aceptarlo. Pero entonces, el problema principal no es la pérdida del trabajo sino las consecuencias asociadas a esta pérdida. Seguir afirmando, como hacen muchos autores, que “el trabajo es también una forma de realización personal, de reafirmación de la propia personalidad e incluso mecanismo de interrelación con otras personas”, es ganas de extremar las cosas. Hay al menos tres afirmaciones, la tercera de las cuales –que el trabajo es un mecanismo de interrelación entre las personas- no tiene mucha discusión (por su trivialidad) y tiene un interés secundario en mi argumentación principal. Por cierto, también es un mecanismo de interrelación entre las personas el practicar yoga en un centro del barrio, el ir al bar a echar una partida de dominó, el formar parte de un centro excursionista, el militar en el movimiento feminista, el formar parte de un grupo de castellers y un largo etcétera. Pero las otras dos afirmaciones sí que tienen interés. Discutámoslas juntas. Realmente el trabajo asalariado ¿es una forma de realización personal, de reafirmación de la propia personalidad?. Para la inmensa mayoría de trabajos con remuneración en el mercado, no, ni mucho menos. La mayoría de trabajos asalariados son poco interesantes, repetitivos, sin el menor aliciente, aburridos. Bien es cierto que hay una pequeña fracción de trabajos remunerados, los autotélicos, que compensan por sí mismos a quien los realiza y que proporcionan inestimables retribuciones internas a sus ejecutores. Pero éstos,
dentro de las relaciones laborales, son trabajos raros. La mayoría de trabajos asalariados no son autotélicos. Claro que hay trabajos voluntarios altamente gratificantes para quien los realiza, pero entonces ya estamos saliendo del marco del trabajo asalariado. Así, esta crítica puede ser desmontada sin mucho esfuerzo.
Las críticas técnicas.
Ya hemos llegado al segundo grupo de críticas a la RB. Estas críticas son de un tipo diferente al anterior ya que juzgando a la RB de normativamente deseable, la evalúan inviable.
4. La primera de este grupo, la número 4, decía, recordémoslo: La RB supone unos costos de financiación que lo hacen inviable. Efectivamente, esta es una de las críticas imposibles de contestar de forma concluyente. No hay evidencias empíricas puesto que no ha habido ninguna experiencia de RB como ha sido definida en este texto, en ninguna parte del mundo, para sacar conclusiones. Ni a favor ni en contra. Son muchas las variables que hay que tener en cuenta en todo proyecto de financiación de la RB. Incluso aplicando el mejor conocimiento disponible y la técnica más desarrollada, hay respuestas que no se pueden dar con mucha seguridad. A pesar de estas ineludibles precauciones, creo que hay indicios para suponer que una financiación de la RB no es algo comprendido en el conjunto de los desvaríos.
La complejidad de la financiación de la RB no es una característica exclusiva de esta propuesta social, puesto que en realidad algunos aspectos serían mucho más simples que otras medidas de tipo condicionado. Pero según las diversas propuestas de financiación o indicios de ellas que se han visto más arriba, la financiación de la RB entra dentro de las posibilidades razonables. Sea modificando la composición del gasto público, sea con la creación de nuevos impuestos, sea con una combinación de ambos, algunas propuestas de financiación muestran que no se trata de una quimera. A quien exija saber detalles de todas las consecuencias posibles de una implantación de la RB no se le podrá responder; pero ni de la RB ni de ninguna medida futura.
5. La segunda de las críticas que juzgando a la RB normativamente deseable la evalúan inviable, la que he numerado con el 5, y que decía que si la cantidad de la RB es muy pequeña, muchas de las virtudes que se le atribuyen no serán logradas, es una crítica correcta. No puede ser contestada o, al menos, yo no sé hacerlo. Con una RB muy baja, inferior a la línea de la pobreza, muchas de las virtudes que se han ido desgranando a lo largo del texto o no serían alcanzadas o lo serían en grado mucho menor que el deseable. El poder contractual de los individuos frente al empresario, la dedicación de una parte mayor de tiempo a trabajos voluntarios o las condiciones para una mejor formación de las preferencias, una vida pública más participativa o una independencia económica mayor de muchas mujeres que actualmente no tienen ninguna, son algunas de estas consecuencias buenas que la RB podría contribuir a alcanzar; pero si fuera de una cantidad muy reducida, estos objetivos no se podrían alcanzar al menos como puede presumirse con cantidades de RB mayores. A favor de una implantación de una RB de cantidad reducida puede argumentarse en este punto que puede ser un primer paso hacia una RB más sustanciosa. Y puede ser verdad, pero la fuerza de la objeción número 5 no disminuye mientras dure la transición de una RB escasa a uno de más generosa. También puede alegarse a favor de una RB baja que mejora la situación de una parte muy pobre de la población.
Y también puede ser verdad, pero la objeción a la que ahora se está prestando atención no discute directamente esta última defensa sino que las virtudes que la RB dice poder ayudar a conseguir no serían conseguidas.
6. Vengo al último de los reproches apuntados y dice así: la RB generará situaciones imprevisibles. En el sentido más trivial de la información esto es incontrovertible. Toda reforma social de cierta importancia –y la RB lo es- comporta situaciones imprevisibles. Mas, seguramente esta objeción a la RB quiere tener un sentido menos trivial y pretende afirmar que esta medida provocaría situaciones imprevisibles indeseables. Esto es más controvertido. Si la situación es imprevisible, ahora no podemos saber si será buena o mala puesto que si lo supiéramos ya no se trataría de una situación imprevisible. Pero aún la crítica numerada con el 6 puede pretender alcanzar un sentido prescriptivo: como no conocemos las situaciones que la medida de la RB puede comportar, no se ha de poner en práctica. Y esto es inadmisible. Entre las consecuencias no conocidas y la necesidad de actuar para intentar solucionar determinadas situaciones siempre habrá tensiones. No actuar también es tomar una decisión cuyas consecuencias futuras ahora tampoco conocemos. Entre dos alternativas en tensión se ha de elegir a partir de la información disponible. La implantación de la RB tiene una certeza: los más pobres (y ya se ha dicho repetidamente: pero no sólo ellos) mejorarían su situación. A falta de mayor información es una razón suficiente y adecuada para intervenir en nuestra realidad social.
Tags: renta+básica basic+income crítica Red+Renta+Básica ciudadanía trabajo
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