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El aguijón: Habemus referendum.

Hace apenas unos días que, en casa, anda el tema revuelto. No es que hayamos dejado de llevarnos bien y que vivamos en menor armonía, al menos tanto como hasta el momento. No obstante, sería maniqueo ocultar que las cosas se han complicado un tanto y el ambiente se nota algo enrarecido.

Mi mujer opina parecido a mí, pero diferente; y yo creo que me reuniré conmigo mismo para aclarar realmente qué pienso de la cuestión, aunque me suscita dudas sobre si sí, o si no, o si sí pero no así, u otra cosa.

El caso de mi hijo es distinto. Es tan pequeño que, todavía, habla su propio idioma y no conseguimos entenderle ninguno de los dos; además, con eso de que "fu" (su perro de trapo) es azul con las orejas y el rabo rosas, lo que obviamente descolocaría a cualquiera, y que Txirri, Mirri eta Txiribiton, los payasos de la tele ("papas"), sólo salen cuando está todo el mundo trabajando, con lo cual no puede verlos más que el fin de semana, le noto poco receptivo a alterar su agenda política, pretiriendo la recogida de "pi" (las hojas caídas de los árboles), el lanzamiento de "brum" (los coches) o reirse al ver a "pite" (la vaca, pero esto renuncio a explicarlo, porque tiene tela) para priorizar el debate sobre la esencia de lo fundamental de las bases de lo constitutivo de nuestra familia.

Con este lío, se comprenderá que ni se me ha pasado por la cabeza consultarlo previamente, menos aún intentar negociarlo, con mis padres, suegros, hermano y demás parentela. Ya les convocaré en su momento a un referendum.

De momento, lo que voy a hacer es llamar a mi vecino y dejarle las cosas claras: ¡para que se entere!. Y que luego no me diga que si tal y que si cual. A ver si no voy a estar yo legitimado, para eso y para lo otro, si me ampara la omnivalente invocación democrática, porque a eso es a lo que se reduce finalmente la cuestión, a un mero ejercicio democrático, o aristocrático, o monárquico (ahora, a estas alturas, cuando hay quienes, para pesar de mi querido amigo Iñigo L., nos queman a los borbones), u oclocrático - demagógico, o aristogático (sí, sí, con 'g'). Vamos, que al que no lo entienda se lo explique Aristóteles.

Si mi vecino accede, convocaré la ansiada consulta resolutoria. Si no se aviene a pactar, convocaré una consulta habilitadora de la consulta en la que preguntaré a mi familia sobre el quid de la cuestión que antes no consensué con ellos. Si no lo aprueban, disolveré a mi familia, a ver si encuentro otra que me haga más caso. Y si lo aprueban y mi vecino no entra en razones, entonces, que se vaya preparando, que se va a cagar. Y por cierto, ¿llamaré a votar a mi hermano, el que vive allende los mares?.

Lo que sí que voy a hacer seguro, que a nadie le quepa la menor duda, es bajar al portal para advertir al macarra de la chupa ajada y el fusco en la pernera del pantalón pitillo que ni se le ocurra tocar un pelo a mi vecino, porque, si no, me voy a mosquear mucho, mucho, mucho. ¿Con quién voy a dialogar yo hasta el amanecer si se lo pasa por la piedra?.

Seguro que al ver el título del post alguna mente envenenada ha pensado que iba a hablar de Ibarretxe. Pues no. En fin, ¿alguien recuerda de qué estabamos hablando?.

P.D.: Durante la redacción de este aguijón, no resultaron dañadas física o emocionalmente personas, ni hubo trato grotesco hacia animales o plantas (ni siquiera estas últimas fueron fumadas).


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