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Sobre la reforma del Senado en España (I). Planteamiento.

Otro de los temas que suscita mi interés es el de la configuración del Estado y, como consecuencia de ello, el de las instituciones que lo conforman. Así, en este sentido, y siguiendo la línea iniciada con la serie de posts sobre el ámbito regional en la política comparada europea (todavía inconclusa), comienzo hoy una nueva sobre la reforma del Senado en España, concretamente una aproximación al debate sobre su carácter territorial y su hipotética reforma, cuestión que considero de interés por haberse constituido en una cuestión sin solución aparente a lo largo de los últimos 30 años. Si a esto le sumamos el hecho de que, hace unos meses, a raíz del estudio de una hipotética reforma de la Constitución, el Consejo de Estado emitiera un dictamen en el constituía éste uno de los elementos a analizar, podríamos afirmar que, además, es un tema de actualidad, máxime si tenemos en cuenta que los programas electorales de los partidos políticos volverán a retomar la cuestión de cara a las ya próximas elecciones generales a celebrar en 2008. Tomando como excusa un estudio de Diciembre de 2006, abordaré principalmente las posturas de la Doctrina y de los partidos políticos.

Pero, ¿qué es y para que sirve el Senado?.

Contemplado desde una perspectiva de ciudadano preocupado por la correcta articulación de la democracia en sus instituciones, pero también en relación con la eficacia y eficiencia de las mismas, entiendo que el Senado no cumple con una función política notable –al menos no lo bastante imprescindible-, ni, en cualquier caso, con la que le encomienda nominalmente la Constitución en su artículo 69.1 como cámara de representación territorial. Dicho de una forma más coloquial, la sensación que me genera la institución senatorial es la de ser, en cierta medida, una suerte de ‘cementerio de elefantes’ para los partidos políticos –lo que en muchas ocasiones ocurre también, dicho sea de paso, con el Parlamento Europeo- al que se envía a ‘morir’ políticamente a las viejas glorias o los personajes incómodos de los que hay que desembarazarse sin que ello suponga una degradación pública, así como que, por otra parte, no cumple la función que debiera desde un punto de vista político subjetivo –o ideológico, si se prefiere-, puesto que entiendo que la función que desempeña poco tiene que ver con la articulación del Estado de las Autonomías y, sobre todo, con el desarrollo del gobierno compartido del Estado también por parte de las nacionalidades y regiones que lo conforman. Es decir, que tenemos un Senado en cierto modo inútil.

Y es en este punto en el que podemos sumar la cuestión de la eficacia y la eficiencia de las instituciones. Obviamente, el Senado tiene unas funciones determinadas en las normas que lo regulan y que se concretan especialmente en la Constitución y en su Reglamento, y puede que incluso las desempeñe, en el modo en que están contempladas, de una forma eficaz –discutido y discutible, si bien no es este el lugar-. Incluso es muy probable que no sea la función de cualquiera de las instituciones políticas la de pensar en términos económicos respecto de su propia eficacia y, consecuentemente, viabilidad y existencia –circunstancia que tampoco yo comparto, pues considero que no deben aplicarse criterios economicistas a la representación política y, como se verá, mi posición es favorable a la existencia de un Senado en España-. Ahora bien, si de una forma simple y grosera, es decir, sin matices ni ulteriores reflexiones, contempláramos la hipótesis de que el Senado no hace un trabajo que tenga una gran utilidad política y social y, además, supone un gravamen para las arcas públicas, entonces, la pregunta obvia sería ¿y para qué lo preservamos?.

Hasta aquí la premisa de la que he partido para elegir este tema.

Pues bien, visto en principio sin mayor análisis, da la sensación de que no hace falta hurgar mucho para caer en la cuenta de que, por diversos motivos y desde diferentes perspectivas, la Cámara Alta en España está en entredicho desde su propia configuración constitucional en 1978. Parece por otro lado fácil llegar a la conclusión de que esta percepción personal es algo compartido y reiteradamente manifestado desde los ámbitos académico o doctrinal y, de unos años a esta parte, también partidario.

Precisamente para intentar reflexionar más en profundidad sobre la necesidad del Senado y su utilidad política, así como, en su caso, sobre la viabilidad de un desarrollo distinto para el mismo y, como paso previo a ello, de su reforma, es por lo que opto por incidir en la institución del Senado como objeto de mis reflexiones personales en este trabajo.

A tal fin, he procurado revisar entre la abundante bibliografía existente, en especial de voces académicas –pero también políticas y las posiciones de los partidos que tienen representación institucional-, desde la autoridad que les otorga el haber hecho del Senado el objeto de sus estudios, reflexiones y debates, en la intención última de que todo ello me permita someter a nueva reflexión y crítica profunda mis propias opiniones. Reseñar en este punto que, así como la abundancia de literatura de índole académica me ha permitido leer abundantes reflexiones al respecto, no ha sido fácil, sin embargo, acceder a las posiciones de algunos de los partidos. En ciertos casos, debido a la imposibilidad de disponer de sus programas electorales o ponencias y documentos políticos –ya que no en todos los casos han respondido a mi solicitud de información y, en ocasiones porque ni siquiera sus propias páginas web las incluyen- y, finalmente, porque tampoco parece que la cuestión suscite demasiado interés en el seno de algunos otros partidos.

Por lo que se refiere a la estructuración del trabajo, comenzaré por realizar una escueta aproximación a la entidad del Senado como institución del Estado y sus funcionalidad. No voy a tratar factores como su organización, composición, funciones, forma de elección y otras salvo, de forma tangencial, cuando sirvan para esclarecer alguna cuestión o tengan relación con el tema de la reforma, que es en el que quiero centrar mi análisis.

Haré también unas breves reflexiones sobre el problema de la acomodación de los intereses territoriales en las instituciones generales o comunes de España, puesto que entiendo que gran parte del debate político tiene que ver con ello y, de forma directa, la reforma del Senado está afectada por el mismo.

El grueso del estudio se va a ceñir a una revisión bibliográfica sobre el debate doctrinal en torno a la reforma del Senado y la misma desde el punto de vista de los actores políticos, centrándome en las posiciones de los partidos desde el momento de la génesis constitucional y, en especial, en sus programas electorales más recientes, para finalizar todo ello con unas conclusiones.

En el próximo post.

¿Qué es -y qué no- el Senado en España y para qué sirve?.

Webs de interés.

Senado de España: http://www.senado.es

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