Libros: Lo original del comunismo.
Existen innumerables ediciones del Manifiesto Comunista, pero, sin duda, esta que se reseña hoy tiene la virtud de estar prologada de forma clara y accesible por el Profesor Francisco Fernández Buey, Catedrático de Filosofía del Derecho, Moral y Política en la Universidad Pompeu Fabra, a quien agradecemos que amablemente haya accedido a que se reproduzca parte de su propio prólogo a la edición recomendada, que, obviamente, se recoge de forma literal.
Título: “Manifiesto del partido comunista”.
Autores: Karl Marx y Friedrich Engels.
Editorial: Utopías y Fundación de Investigaciones Marxistas.
I.S.B.N.: 84-87098-29-0
“¿Y quién va a leer hoy en día el Manifiesto Comunista después de la caída del comunismo?. Ésta es, sin duda, una buena pregunta.
Suponiendo que, como se suele decir, la historia reciente hubiera refutado la prospectiva de Marx y de Engels, esto no sería razón suficiente para dejar de leer el Manifiesto Comunista. Desde el siglo XVI la historia de la ciencia no ha hecho sino refutar, una tras otra, muchas de las ideas básicas contenidas en el viejo y en el nuevo testamento y, sin embargo, la buena gente, incluida la mayor parte de los científicos del siglo XX, no han dejado por eso de leer La Biblia. Y la buena gente hace bien, porque ese libro contiene muchas cosas interesantísimas que no se agotan con el reconocimiento de la teoría copernicana y de la teoría darwinista de la evolución. A casi nadie se le ocurriría hoy en día ir a buscar respuesta a sus penas en la Apología de Sócrates, en la Utopía de Thomas More o en la Brevísima relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé de las Casas, pese a lo cual habría que considerar del género tonto el argumento de que ya no vale la pena leer estas obras porque su tiempo ha pasado. Todo aquel que se haya dedicado a la enseñanza sabe cómo año tras año los jóvenes se conmueven con la lectura de textos así, independientemente de que Sócrates haya salido derrotado en su lucha en la democrática Atenas, de que Thomas More haya pagado con la vida su atrevimiento en la Inglaterra del siglo XVI o de que Bartolomé de las Casas se quedara casi solo en su lucha en defensa de los indios en la España imperial. ¿Y no nos conmueve lo que dijeron o escribieron precisamente por esto?.
Los textos clásicos no cotizan en la bolsa de los valores mercantiles. Un texto clásico no se caracteriza porque uno, el amable lector, por ejemplo, vaya a sacar una utilidad inmediata de la lectura, sino porque, en lo suyo, sea esto la narrativa, la poesía, la filosofía o la política social, ha sabido envejecer: porque en su envejecimiento aún tiene cosas importantes que decirnos, aún nos conmueve, aún nos hace pensar: en lo que hemos sido, en lo que somos, en lo que podríamos haber sido, en lo que desearíamos ser. El Manifiesto Comunista es un texto de este tipo. De los que han envejecido, a pesar de todo, bien. De los que hablan de uno de los anhelos sustanciales del hombre que, como animal racional, es un ser civil que, en ocasiones, ha considerado que valía la pena correr riesgos por su propia emancipación, por la liberación de las cadenas que le oprimen, por librarse de la dominación ejercida por unos hombres sobre otros hombres.”
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