Estambul
Dice la leyenda que, hace casi ya tres milenios, Byzas –de quien tomó nombre el asentamiento original de la ciudad de Bizancio, después Constantinopla y hoy Estambul- fue advertido por el Oráculo de Delfos de que fundaría su ciudad en el lugar opuesto a aquellos que vivían en el país de los ciegos. Cuando alcanzó la boca del Bósforo y observó un entrante de la mar en tierra (Haliç, el Cuerno de Oro) se quedó maravillado y, no comprendiendo cómo aquéllos calcedonios que estaban asentados en la parte asiática podían no haberse prendado de la belleza y riqueza de este lugar, comprendió que no veían, asentándose con los suyos en este impresionante emplazamiento. Hoy día, Estambul sigue maravillando a quien la visita. Algunas imágenes sirven para ilustrarlo.
Pero no es únicamente su belleza la que hace de esta megalópolis un lugar incomparable. Los no se sabe bien si hasta 17 millones de estambulinos asentados en la ciudad son el otro gran valor que la hace única. Orgullosos y notablemente nacionalistas, laicos o islamistas, europeos o asiáticos, modernos o tradicionalistas, son gente amable y acostumbrada a convivir con la diversidad. En las zonas turísticas es fácil comunicarse en casi cualquier lengua: te sorprenderás. Y en las zonas ajenas a la rutina de los foráneos, aprender algunas palabras básicas en turco (turkçe) y mostrarte amable serán llave bastante para hacerte entender. La mayor parte de las zonas que aparecen resaltadas en las guías merecen la pena ser visitadas. Los monumentales Ayasofya y Mezquita Azul en Sultanahmet, los muelles y el colorista Bazar de las Especias en Eminönü, los pescadores en el puente de Galata y un mercado de pescado fresco donde comprar un buen salmón en Karaköy, la estación de Sirkecι, el fantástico Museo Arqueológico en Gülhane y su tranquilo parque donde no se oye el permanente bullicio de la ciudad, el Gran Bazar, son magníficos exponentes de la ciudad. No lo son menos la moderna Taksim, con su apabullante presencia de jóvenes con ganas de divertirse en los innumerables bares, restaurantes y cafés que hay en el entorno de Istiklâl Caddesi, o el popular barrio de Beşiktaş, cuyo mercado y palacio de Dolmabahçe no deberías dejar de visitar, incluso el tradicional y religioso feudo de Eyüp (donde te recomiendo que seas más respetuoso, si cabe, con sus costumbres). Asómbrate con las espléndidas mansiones en ambas orillas del Bósforo y desembarca de tu ferry en la pintoresca Bebek. Pero, sobre todo, no olvides pasear por Ortaköy, la ‘ciudad de en medio’, donde podrás cenar kuzu şiş o tavuk şiş en el restaurante de Ali Bey y beber después bira en las terrazas de su muelle, frente a la pequeña mezquita que se agazapa bajo el primer puente del Bósforo. Quizás allí puedas encontrar a mi hermano Mikel. Finalmente, salte de lo previsto y aprovecha para visitar, en la parte asiática, Kadιköy y Kanlιca (la ciudad del yogur).
Un último consejo. Para usar la magnífica red de transportes públicos de la ciudad, hazte con un akbil, o billete magnético, en cualquier puesto de la red y cárgalo con dinero suficiente; ahorrarás muchas liras y podrás moverte con comodidad y rapidez de un lugar a otro, como un estambulino más, en sus autobuses, tranvías, metro y vapur (tal y como denominan los turcos a los omnipresentes ferry). No descartes los centenares de taksi amarillos, que, a un precio asequible, inundan la ciudad.
En cualquier caso, si tienes tiempo, camina por sus calles. Todo lo que te quede por ver será un buen motivo para regresar. Cualquier motivo es bueno para volver a Estambul.
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La verdad es que mi hermano tiene razón: Estambul es una ciudad vibrante, especial, cien ciudades en una. Y Turquía es un país con una riqueza histórica que para sí quisieran muchos. Por supuesto, a este país todavía le queda mucho por hacer, tiene que avanzar mucho en muchos sentidos. Algunos de ellos no se nos escapan a la mayoría (para eso están los medios), pero otros muchos sí que se le pueden escapar al que no vive aquí. Porque si bien hay una riqueza humana palpable, también hay formas, mayormente provenientes de los poderosos, que dejan mucho que desear. Muchas veces puede uno pensar incluso que a algunos no les apetece nada avanzar, porque pierden cuota de poder, y porque si el pueblo se da cuenta de que puede contribuir con ideas y que estas ideas son buenas, más de uno va a perder la poltrona. Y esto se da en todos los ámbitos donde haya posiciones de poder, cualesquiera que sean. Pero en fin, para aquellos que quieran venir de vacaciones, de turistas, que no se lo piensen ni un segundo; que vengan. Aquí tenéis un vídeo en Flash con datos que muchos de vosotros ni siquiera imaginaríais:
http://www.goldenhorn-rotary.com/ercu/ERCU_FLASH_eng.html
Mikel