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Categoría: Europa

El aguijón: Caída y auge de Romano Prodi.

oikos 03/08/2008 @ 02:56

Aunque con mucho retraso ya, prometí hablar de la caída y auge de Romano Prodi, quien, nuevamente -¿era éste ya el gobierno Prodi 3 o cuál?-, cayó para dar paso a Silvio Berlusconi, a quien, por el momento (también tendrá su huequito en esta página, porque da mucho juego), vamos a dejar a un lado.

En fin, al grano.

Y ¡vaya, vaya!. Hace un año estábamos analizando la cuestión de confianza a que se sometía Romano Prodi ante ambas cámaras parlamentarias italianas y ya aventurábamos cuándo sería la próxima ocasión en que tuviera que pasar por el temible Senado, donde apenas cuatro gatos más que a su oposición le sostenían. Pues bien, no ha habido que esperar demasiado tiempo para que 'il professore' caiga otra vez, como años antes, en desgracia.

Ni que decir tiene que es en estas situaciones de dificultad en las que uno se crece y, a mí (no es la primera vez), se me activó la pantalla mental Reginald Perrin al ver al ex-Presidente de la Comisión Europea en su -no sé bien cómo calificarla- desgraciada circunstancia. Pero, como ya ha transcurrido algún tiempo, y no se trata de hacer leña del árbol caído, nos limitaremos a tratar de las similitudes con el inefable personaje de la televisión británica.

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El Aguijón: Europa tiene un grano en el culo (esta vez sí).

oikos 16/12/2007 @ 02:16

Europa tiene un grano en el culo. Bonito títular para la prensa escrita, muy gráfico, la verdad, sobre todo si luego se explica quién es el grano, porque supongo que no hace falta explicar qué es el culo. Veremos qué se puede hacer (para explicar lo del grano, insisto). Lo que de inicio sí que quiero dejar claro es que el hecho de retomar este post -que anteriormente dejé huérfano- en este preciso momento, e intitularlo de igual manera con una acotación entre paréntesis, "esta vez sí", nada tiene que ver con el nombramiento de Felipe González como presidente del nuevo Grupo de Reflexión constituido por la Unión Europea. Esta circunstancia constituye una mera coincidencia. Simplemente es que esta vez sí que parece que voy a tener tiempo de escribir. Vaya, ¡por comentarlo!.

Pues bien, cuando hace ya algunas semanas colgué un post con este mismo título, en quien realmente estaba pensando era en los gemelos Kazinsky, Jaroslaw y Lech, quienes, como máximos representantes del Estado y el Gobierno de Polonia, y con la inestimable ayuda de mamá Kazinsky, desde unas posiciones del ejecutivo polaco que podríamos considerar ultranacionalistas, ultraconservadoras e integristas católicas, estaban poniendo más que lastre a las negociaciones del nuevo tratado que, tras el arrumbamiento del Tratado constitucional, finalmente se ha aprobado en Lisboa recientemente. Bien es cierto que no eran los únicos, ni siquiera han sido los primeros cronológicamente, en poner entre la espada y la pared instrumentos de construcción europea, pues esto se ha venido haciendo constantemente, por supuesto incluso desde antes de que Polonia se incorporara a la Unión. Y es que en la Europa de la Unión convivimos gentes, culturas y gobiernos de todas las madres y padres que se pueda imaginar, de forma que no resulta difícil hacerse idea de que los intereses no serán siempre y necesariamente los mismos, cosa que a todas luces implica dificultades a la hora de ponerse de acuerdo. Es más, no cabe duda de que los proyectos de cada cual para la UE ni siquiera son los mismos. Así bastaría recordar que cualquiera es capaz de identificar la palabra euroescepticismo con el Reino Unido de manera inconsciente (¡por algo será!). O que fue principalmente Francia el Estado miembro que hizo descarrilar el camino de aprobaciones de la denominada Constitución Europea (por intereses que seguramente tenían más que ver con el descontento con la propia situación interna que con lo que hacía referencia a la Unión). O, sin explayarme más en ello, porque ejemplos encontraríamos unos cuantos en cada momento y período de las negociaciones, lo que suele llamarse los egoismos nacionales, que afloran de forma constante y no deben su nombre, precisamente, a los nacionalismos periféricos o minoritarios, sino muy especialmente a los nacionalismos de Estado; ¡qué también existen!.

Pero siempre debe de haber un cabeza de turco, un chivo expiatorio sobre el que descargar las iras personales que cada uno tiene y, como decía, yo me fijé (¡qué se le va a hacer!) en los simpáticos gemelos Kazinsky. No en vano, incluso el mismo ex Presidente de Polonia, Lech Walesa, los ponía a caldo en una entrevista publicada en el diario El País (Madrid) y asemejaba un centrista a su lado, cual, por poner un ejemplo -aleatorio y sin ánimo de señalar-, el nunca bien ponderado José María Aznar. Y a ello contribuyeron sus beligerantes e insistentes declaraciones, tanto como actos de política interior en la República de Polonia, donde, al parecer, veían peligrosos homosexuales por todas partes, se ha hablado de la presencia de ilegales cárceles secretas norteamericanas y los pobres niños se veían acechados por la muy negativa influencia de los infames Teletubbies (esto es lo que, en castellano, se llamaría, nunca mejor dicho, 'no dejar títere con cabeza').

Y ocurrió lo último que hubiera deseado en este mundo. Van los tíos y celebran elecciones legislativas en Polonia (¡sólo a la Democracia se le ocurren estas cosas!), con la mala suerte de que, además, el partido de los gemelos sale derrotado y se conforma un gobierno de signo más conciliador con la construcción europea. Así pues, mi grano en un pozo (perdón por el lapsus, mi gozo en un pozo quería decir); desaparece el grano que había elegido y me quedo en blanco. ¿Dónde hay otro grano en el culo ahora?.

Ha transcurrido el tiempo y tampoco ha resultado fácil que se aprobara el Tratado de Lisboa, de manera que, visto en perspectiva, parece que no había motivos para la alarma. Nos siguen quedando en la Europa de la Unión lo que los anglosajones denominan 'a pain in the arse' (escríbase 'ass' si el anglosajón es norteamericano). Tiempo habrá de reflexionar sobre ellos. Por el momento, nos conformaremos con leer reflexiones ajenas sobre este nuevo instrumento de la UE a fin de, a expensas de leerlo, ver por dónde van los tiros.

Y quizás comience por leer la opinión que el británico Timothy Garton Ash publica, con el título de 'Batiburrillo en Lisboa', en el diario El País (16/12/2007), comenzando por decir, literalmente, que "El nuevo tratado reformado de Lisboa es una porquería, pero da libertad a la Unión Europea para hacer cosas más importantes". ¡A ver qué cuenta!.

Elecciones presidenciales francesas. Sarkozy y el debate entre la renovación desde la derecha o desde la izquierda.

oikos 07/12/2007 @ 14:15

Este post es en honor, nuevamente, de mi amigo Iñigo L., fan vehemente de Monsieur Sarkozy, son président, quien ayer me confesó que no acostumbra a leer este blog en el que, con enorme cariño y devoción (ja), estrujo un poco los sesos para no caer en la rutina intelectual. Ahora entiendo por qué no obtenía respuesta a los guiños que le iba poniendo. En fin, resignación.

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Así es, Sarkozy, está de moda. Es curioso ver como un hombre sin la planta ni el glamour de Jacques Chirac, sin la refinada educación y el cosmopolitismo de Dominique de Villepin, sin la campechanía rural de François Bayrou, sin la apostura de Ségolène Royal, sin, finalmente, la demagogia y la macarra presencia del inefable Jean-Marie Le Pen, consiguió pasarse por la piedra a todos ellos y, con un notable apoyo popular, con independencia de las discrepancias ideológicas que se puedan tener con él, está dignificando el papel de una institución tan fundamental en la República Francesa como la Presidencia, que había pisoteado notablemente su característica grandeur.

No sé si Sarkozy pasará o no a la Historia con la fuerza del presidente republicano por excelencia, el general De Gaulle, pero lo que está claro es que, éste a quienes algunos ya denominan ‘le petit Napoléon’, se está ganando a pulso el sueldo, pues desarrolla una frenética actividad con la que, al parecer, quiere ‘poner las pilas’ a Francia. Iñigo tiene una teoría muy personal a este respecto, pues lo vincula con el estado civil del dignatario galo, pero, por no perder la compostura, ni él ni yo lo haremos explícito y nos ceñiremos a reflexionar sobre cuestiones pretendidamente más enjundiosas. Así, por ejemplo, sobre las elecciones presidenciales que se celebraron hace algunos meses, en torno a cuyas circunstancias políticas y normas reguladoras podríamos pararnos a reflexionar un rato. Para ello, retomaré un texto que terminé de escribir el pasado 20 de Mayo y que levemente actualizo.

Elecciones presidenciales francesas. El debate entre la renovación desde la derecha o desde la izquierda.

La última carrera hacia la Presidencia de la República Francesa ha sido larga y llena de obstáculos inconfesables. A las luchas intestinas entre políticos de la derecha por el delfinato de Chirac se ha sumado el juego sucio de los principales aspirantes a tal candidatura, Dominique de Villepin y Nicolas Sarkozy, envueltos, como el mismo Chirac, en sucesivos y variados escándalos políticos como el caso Clearstream de supuestas comisiones ilegales (que resultó ser un montaje y salpicó a de Villepin), espionaje por parte de los servicios de información del Estado a personalidades de la política y trato de favor de inmobiliario (Sarkozy), o las presuntas cuentas secretas del Presidente saliente. Y, visto en perspectiva, la izquierda del Parti Socialiste Française (PSF) no debió de quedarse a la zaga en el proceso de elección de su candidata, Ségolène Royal (en los últimos meses objeto de robos, al igual que su asesora, Sophie Bouchner-Petersen, pero también envuelta en polémicas por sus propiedades y el impuesto sobre las fortunas), a quien se opusieron inicialmente los ‘barones’ del PSF, muchos de los cuales, aún a regañadientes, acabaron por apoyarla y, tras la derrota electoral, han terminado pasándole factura en las legislativas del mes de Junio. Junto con ellos hasta un total de 10 candidaturas más en la primera vuelta del 22 de Abril.

El sistema de elección de la máxima magistratura del Estado francés.

Si bien en las elecciones europeas y en las departamentales se utiliza el sistema de representación proporcional, de todos es conocido que el sistema electoral francés ordinario que se emplea en ámbitos electorales como las presidenciales o las elecciones a la Asamblea Nacional es el escrutinio mayoritario a ‘doble vuelta’.

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El aguijón: En el 28º aniversario de la caída del Muro de Berlín, ¿quién se acuerda de Erich Hoenecker?.

oikos 09/11/2007 @ 22:45

Hobsbawn hablaba del “corto siglo XX”, una época caracterizada por enormes cambios que, comenzando en la primera gran guerra, alcanzaba su fin con la caída de los regímenes comunistas de Europa del Este, los que, a lo largo de casi la mitad del siglo, quedaron al otro lado del Telón de Acero. Esta periodificación parece bien asentada en la historiografía. Pues bien, aceptándola, lo que parece indiscutible es que el principio del fin acaeció hace ya veintiocho años, un 9 de Noviembre de 1989, cuando, dando paso simbólicamente a un nuevo siglo en la Historia, caía el Muro de Berlín. Nada tiene que ver este principio del fin con el en su momento tan cacareado “fin de la Historia” de Fukuyama, de obvias connotaciones ideológicas en el conservadurismo estadounidense.

berline_mauer-red.jpg (*)

Resulta en cualquier caso curioso recordar cómo vimos por televisión, en directo, el asalto de ciudadanos de ambos lados de la frontera germana entre las extintas RFA y RDA a los bloques de hormigón armado que se erguían, impertinentes y ridículos a un tiempo, pero hasta ese momento infranqueables y letales. Y, en los días sucesivos, las hileras de ‘trabis’, el popular y omnipresente Trabant, cruzando los pasos fronterizos ante la mirada ajena de los ‘vopos’ (la policía del pueblo de la extinta Alemania oriental) que, incluso, levantaban las barreras y se abrazaban o eran abrazados por los germano occidentales. Pasaba la Historia, ..., sí, sí, con mayúsculas, por delante de nuestras narices y nosotros, frente al televisor, ingiriendo la cena sin atinar a entender bien qué estaba ocurriendo. Bueno, a fin de cuentas, seguro que no es fácil abstraerse del bombardeo continuo de imágenes para poder reflexionar un instante (que si un anuncio de detergentes, un bocado al filete, que si tres muertos en accidente de coche, pincho las patatas fritas, que si la modelo de moda se lía con el futbolista milmillonario, un traguito de Coca-Cola, que si cae el Muro de Berlín, ¡come!, que se te enfría la cena, ...). Esto es algo que probablemente yo no dejaremos de hacer en el futuro con tantas otras cosas (guerra de Irak, atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, genocidios y éxodos masivos en Yugoslavia y África, asesinatos terroristas a la vuelta de la esquina, ... y quién sabe qué más) y la referencia a ello, tan sólo, una constatación, ni tan siquiera una leve crítica, pues los acontecimientos de la Historia se nos meten a diario por los ojos y los oídos mientras cenamos tranquilamente, en una sucesión de vídeos cortos, y es difícil preterir frente a ello el peso de la hipoteca, la angustia por el trabajo temporal, lo corto del salario y, por lo general, lo cotidiano de la vida. Algo de esto, creo yo, destilaba la cruda narración de Garikoitz Zabala (un alias más de su autor, lo mismo que el de Flanagan), cuando reflejaba la cotidianidad en su novela “La venganza de vivir” (Editorial Lur, Hordago Publicaciones, Donostia – San Sebastián, 1980).

Al día de hoy apenas si quedan restos del infausto Muro de Berlín (1961-1989, QEPD) que, para preservarlos, no se sabe bien si para recuerdo de las generaciones venideras o disfrute de turistas cámara digital en ristre, hay incluso que restaurar. Ni tan siquiera el Check Point Charlie es lo que era.

Sin embargo, el desgraciado ejemplo de su existencia tiene continuidad. No pretendo amargarle a nadie la fiesta, pero seguro que nos acordamos de los nuevos muros de la vergüenza que se levantan, por ejemplo, en Palestina – Israel, o los que pretenden contener la miseria de colarse en el solar de los ricos, da igual, dondequiera que vayamos.

En fin, a lo que íbamos. En el 28º aniversario de la caída del Muro de Berlín, ¿quién se acuerda de Erich Hoenecker?.

stamp_breschnew_honecker.jpg (**)

Notas:

(*) “Piece of the Berlin Wall at the Checkpoint Charlie, Berlin”. Imagen de uso libre, bajo licencia GFDL y Creative Commons, obtenida de Wikimedia Commons: http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Berline_Mauer.jpg

(**) Sello emitido por el Servicio Postal de la RDA, actualmente de dominio público, en: http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Stamp_Breschnew_Honecker.jpg

El Aguijón: Europa tiene un grano en el culo.

oikos 26/10/2007 @ 14:49

Este está aún sin escribir, pero es para ir poniendo los dientes largos.

El ámbito regional en la política comparada europea (y VIII): A modo de cierre.

oikos 26/10/2007 @ 14:28

Todo lo hasta este último post referido no ha sido más que una ejemplificación de situaciones existentes en nuestra Europa. Y lo que pretende hacer notar es la diversidad que caracteriza al viejo continente.

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El ámbito regional en la política comparada europea (VII): El caso de los sami.

oikos 13/10/2007 @ 19:17

Un caso atípico en Europa: el pueblo sami y, entre otras particularidades, el Sámirađđi.

¿Quiénes son los samis?.

Ejemplo dispar de los anteriores constituye el del pueblo sami, a cuyos miembros se conoce como lapones. En este caso, se trataría de ver cómo se articula la existencia de una minoría étnica (integrada por apenas entre 70.000 y 100.000 personas, más de la mitad de las cuales viven en el territorio de Noruega) desperdigada en la parte más septentrional del territorio de tres Estados escandinavos (Finlandia y Suecia, así como la mencionada Noruega) y las regiones de Carelia y la Península de Kola en Rusia, abarcando con su presencia alrededor de 300.000 ó 400.000 kilómetros cuadrados. El interés especial que suscita creo que es objetivable en el hecho de ser, junto con los inuit (o esquimales) de Groenlandia, el único pueblo reconocido como aborigen por tratados internacionales y legislaciones nacionales en el seno de toda la Unión Europea, estableciéndose preceptos específicos respecto de él en las constituciones de Noruega y Finlandia, así como en el Tratado Constitucional europeo. Más justificado aun, si cabe, cuando es Finlandia uno de los países que se ha analizado en un post anterior.

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El ámbito regional en la política comparada europea (VI): El caso de España.

oikos 04/10/2007 @ 00:06

¿Qué es el ‘Estado autonómico’ de España?.

Al plantearse Aja una caracterización de lo que denomina ‘Estado autonómico’, aborda desde el inicio la distinción clásica entre Estados unitarios y federales, preguntándose si tiene aún sentido y, admitiéndola como válida, previene acerca de los nominalismos y de la heterogeneidad de las muchas estructuraciones estatales que se pueden encontrar en el mundo. Siguiendo esta argumentación, mientras John Loughlin considera que España es un Estado “unitario regionalizado” (Letamendia, 1998: 144), el propio Aja, que emplea el término ‘Estado autonómico’, explica que “España no es un Estado unitario. De hecho, ningún experto defiende en la actualidad una idea semejante y no vale la pena perder tiempo en refutarla” (Aja, 1999 [2003]: 48), afirmando, sensu contrario, que “el Estado autonómico puede definirse realmente como un sistema político de tipo federal” (Aja, 1999 [2003]: 318).

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El ámbito regional en la política comparada europea (V): El caso de Finlandia.

oikos 26/09/2007 @ 23:07

Finlandia. Un ejemplo de Estado unitario.

Finlandia suele ser someramente analizada, en el seno de un imaginado bloque de países escandinavos, siguiendo el esquema de lo que se denomina ‘modelo escandinavo’, que, en palabras de Esther del Campo, se caracteriza por una “política de consenso compatible con un marco constitucional de tipo Westminster” (Alcántara, 2000: 501), aunque ella misma la define como un ‘caso desviado’, pues “si bien es cierto que los países escandinavos poseen determinadas afinidades históricas, geográficas, sociales y culturales, existen también importantes diferencias” (Alcántara, 2000: 181). Entre las diferencias obvias se encuentran el hecho de que Finlandia es una República, frente a las Monarquías parlamentarias noruega y sueca, o que, desde la primera Constitución independiente de 1919 –en realidad cuatro leyes que constituirían un ‘bloque constitucional’- hasta la aprobación de la nueva Constitución en 1999, los fineses tuvieran un sistema político semipresidencialista caracterizado por una presidencia –según los momentos y la personalidad del máximo mandatario- activa y potente, con competencias especialmente en materia de acción exterior, que se imponía al Gobierno o, incluso, llegaba a sobreponerse al Parlamento cuando este era débil por la fragmentación y la ausencia de mayorías directoras de la política del país. De hecho, el presidencialismo se acentuó con la reforma de su modo de elección, pasando de la elección ‘popular’ indirecta a través de un colegio de trescientas personas al sufragio universal y directo, pues en ese momento los partidos adecuaron sus estructuras para potenciar el liderazgo en la búsqueda de mayorías, lo que a su vez afectó al parlamentarismo.

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El ámbito regional en la política comparada europea (IV). El caso de Bélgica.

oikos 12/09/2007 @ 16:50

Comunidades, Regiones y Comunidades Lingüísticas en Bélgica.

Entiendo que merece la pena dedicar una atención especial al caso belga, pues supone un interesante ejemplo en la evolución de un Estado inicialmente unitario hacia la federalización y del cual hay quien podría aventurar hasta la disgregación en un futuro.

La enorme complejidad política de este país tiene como sustrato la existencia de 3 Comunidades nacionales / lingüísticas, 3 territorios o regiones, 4 regiones lingüísticas y, junto con ello, el mantenimiento de la anterior estructura del Estado y su división en provincias (10 desde el 1 de Enero de 1995, momento en el cual se formalizó la división de la provincia de Brabante en dos, una flamenca y otra valona), instituciones comunales (áreas metropolitanas y federaciones de municipios) y comunas o municipios. En definitiva, lo que caracteriza a este Estado es la existencia de tres pilares en relación horizontal, no jerárquica, que son las Comunidades, las regiones y el Estado federal, tal y como se establece en el Título I de la Constitución de Bélgica de 1993, así como de “cinco niveles de gobierno diferentes: nivel federal, nivel comunitario, nivel regional, nivel provincial, nivel municipal” (Alcántara, 2000: 89).

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