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Categoría: Ciudades

El Aguijón: ¡Hacia Belén va una burra, rin, rin ...!

oikos 23/12/2008 @ 22:57

Para los cristianos son estas unas fechas especialmente señaladas y, por extensión, para quienes no lo somos pero vivimos en países de tal cultura, la tradición y las buenas costumbres nos recomiendan felicitar la Navidad.

Así que, como muestra de consideración, UNA FOTO, AUTÉNTICA, DEL PORTAL DE BELÉN, para que veáis cómo cambian las cosas. San José no estaba y lo de la virgen yo siempre pensé que era cuento. El niño supongo que ya será mayor y se habrá pirado. Os diré que ya no se ve a los pastorcillos con sus corderos, que la vaca seguro que pasó a mejor vida y que el asno se ha reproducido exponencialmente. A los magos de oriente no creo que se les espere demasiado; pero seguro que es porque la estrella que guiaba su viaje habrá visto restringido su vuelo sobre tierra palestina por razones de seguridad. Por cierto, si alguien quiere un simbólico ramito de olivo que se olvide, porque los ciudadanos de Belén incluso tienen problemas para salir a cultivar sus propios campos de olivos y dudo yo mucho que, con la que está cayendo, vaya a querer la paloma asomar el pico.

bethlehem-s.png

A los costados del portal de Belén se yerguen unos cojonudos muros de bloques de hormigón, culminados por alambres de espino y torretas militares, que, en la parte israelita se cubren con estupendas pancartas del Ministerio de Turismo de Israel en las que se nos desea ‘may peace be with you’.

Pues eso.

Y, yo, a lo mío. ¡Haciaaa Belén vaaa una buuurra rin rin ...!.

Estambul

oikos 26/07/2007 @ 01:10

Dice la leyenda que, hace casi ya tres milenios, Byzas –de quien tomó nombre el asentamiento original de la ciudad de Bizancio, después Constantinopla y hoy Estambul- fue advertido por el Oráculo de Delfos de que fundaría su ciudad en el lugar opuesto a aquellos que vivían en el país de los ciegos. Cuando alcanzó la boca del Bósforo y observó un entrante de la mar en tierra (Haliç, el Cuerno de Oro) se quedó maravillado y, no comprendiendo cómo aquéllos calcedonios que estaban asentados en la parte asiática podían no haberse prendado de la belleza y riqueza de este lugar, comprendió que no veían, asentándose con los suyos en este impresionante emplazamiento. Hoy día, Estambul sigue maravillando a quien la visita. Algunas imágenes sirven para ilustrarlo.

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