El Aguijón: Dame Todo El Power Para Que Te Demos En La Madre.
'Dame, dame, dame, dame todo el power, para que te demos en la madre.
Gimme, gimme, gimme, gimme todo el poder, so I can come around to joder'.
Hace meses que estamos en campaña electoral en Euskadi, oficialmente hace menos de 2 semanas, cierto es, y yo sin poner una coma. ¡Qué sufrimiento más grande!.
¡Lo qué son las cosas!. Cada vez más, cuando se aproxima un evento de estas características, me viene a la mente esta magnífica canción de Molotov. No sé, debe de ser la vena ácrata, que se me está acentuando con la edad. Ya lo dice el refrán: ¡cuánto más viejo, más pellejo!.
Ni que decir tiene que la ambición del poder no es mala por sí misma, que su ejercicio es necesario para regular la convivencia, que la mayoría de los políticos no son corruptos (no más que cualquiera de nosotros en nuestra cotidianidad al menos) y que, al fin y a la postre, alguien lo va a detentar siempre, de forma que mejor si su asignación se hace entre cuantos más se pueda, dentro de cauces poliárquicos (hablar de democracia, a veces, se queda grande, aunque esta afirmación no tiene nada que ver, ¡ni por asomo!, con D3M), con sujección a unas normas, ... en fin, lo que vulgarmente, llamamos democracia.
Pero es que, a veces, las campañas electorales predispondrían a recluirse, temporalmente, en un monasterio de cartujos. ... Sí, joder, sí, todos callados, con voto de silencio incluido.
A lo largo de estos días hemos podido ir leyendo y escuchando sandeces por parte de todos y cada uno de los candidatos y organizaciones, afirmaciones gruesas, muchas veces automáticas, como salidas sin pensar de un discurso bien aprendido y poco reflexionado, malintencionadas, sin duda alguna, en otras ocasiones. Desafortunadas en cualquier caso. Y no sólo porque descalifican a quien las emite, sino porque -es esto lo que me duele- denotan una impresionante soberbia de los popes, los gurús, los nuevos sacerdotes, tal y como los consideraba Manuel Vázquez Montalván en su inigualable 'Panfleto desde el planeta de los simios', frente a los ciudadanos, a quienes, a las claras está, deben de considerar, cuando menos tontos de baba.

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